SE ESTRENA EN EL NOMBRE DE DIOS EN CINEMATECA 18

El drama como alegato anticlerical

Se trata de un alegato anticlerical (o en todo caso «anti» algunos abusos perpetrados por un sector del clero) dirigido por Peter Mullan, León de Oro en el Festival de Venecia.

Hay un escándalo irlandés, católico y real en la base de la película. Estas monjas de la Hermandad de la Magdalena se dedicaron durante demasiado tiempo a corregir el comportamiento «pecaminoso» de las jóvenes de cuya custodia se encargaban, y sus procedimientos pudieron hacer pensar más de una vez en la Gestapo o la KGB. Obligadas a trabajar en la lavandería (buena fuente de recursos para las hermanas), las víctimas parecen haber sido reiteradamente abusadas, brutalizadas, humilladas de palabra y de hecho: procedimientos de choque para convencer al diablo de que debía abandonarlas, o viceversa. La acción del filme transcurre en los años sesenta, pero la institución denunciada continuó en actividad hasta bastante entrados los noventa, cuando la campaña pública de denuncias y quizás la sensibilización de algunas jerarquías más sensatas llevaron a la Iglesia a tomar cartas en el asunto. Las burocracias, incluyendo la eclesiástica, suelen ser lentas para reaccionar.

La vocación denunciatoria puede ser el primer mérito del filme, pero para convencer cinematográficamente (se trata de cine dramático, no de un reportaje o un documental) había que construir personajes creíbles y comprometer al espectador en su conflicto. A ello se aboca el director y guionista Mullan, concentrándose sobre los padecimientos de cuatro mujeres «pecadoras»: dos madres solteras, una chica algo promiscua, una cuarta que ha sido violada por su primo (pero ya se sabe que en esos casos, la culpa es siempre de la mujer). En torno a esos destinos, a la serie de servicios a las que las jóvenes en cuestión son sometidas y a los contraataques que algunas de ellas comienzan a elaborar, se organiza el alegato y el drama de la película.

En el nombre de Dios es el segundo largometraje dirigido por Peter Mullan, quien nació en Peterhead, Escocia, en 1954; se interesó por el cine desde su juventud, fue actor desde comienzos de los años 90 (incluyendo labores en Riff-Raff de Ken Loach y Tumba a ras de la tierra y Trainspotting de Danny Boyle), y dirigió varios cortometrajes antes de saltar al largo de ficción con la comedia Orphans.

Esta segunda cinta suya ha recibido varios premios internacionales, comenzando por el importante León de Oro de Venecia en el año 2002 y continuando con el British Independent Award 2003 a mejor elenco, un Premio Revelación en Toronto 2002, el Media Prize de la Unión Europea, premios del público en Los Angeles, Ljubljana y Nantucket, premio a mejor filme en el Festival Internacional de Newport y el premio de la Sociedad de Críticos de San Diego. *

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