¿Un altar o una caballeriza?
Consultado por El Observador a propósito de los índices de repetición en Secundaria, un docente declaró lo siguiente: «Habría que tender a mejorar los niveles de eficacia y calidad de la enseñanza. En haras de los números y las estadísticas tampoco pueden alterarse los sistemas de evaluación».
Cuando uno habla, no comete errores ortográficos, así que la metida de pata no puede atribuirse al docente cuya opinión fue recabada por el matutino; pero ojo cuando algún cronista desaprensivo transcribe (o desgraba, como se dice habitualmente) los dichos orales de alguien, como ocurrió en este caso, y le hace decir algo medio disparatado. Como que «no pueden alterarse los sistemas de evaluación en un criadero de caballos de los números y las estadísticas»…
Haras no existe en español pues es una voz francesa (sustantivo masculino) que por alguna razón se emplea en lugar de la muy castellana acaballadero, lugar destinado a la cópula de los equinos y a la cría y el cuidado de ganado caballar.
Evidentemente, lo que se debió escribir es aras, sin hache. Además de designar a las aves parleras como el periquito, el papagayo o la cotorra, el sustantivo femenino ara significa altar y la piedra donde se realizan sacrificios, de donde la expresión en aras de equivale a en interés de.
Hay errores ortográficos que no implican cambio de sentido sino que simplemente revelan desconocimiento de la ortografía, como escribir vurro por burro, sapato en lugar de zapato o egemplo en vez de ejemplo. Pero hay otros yerros que sí conducen a confusiones y pueden expresar una idea muy diversa de la que se proponía comunicar el emisor del mensaje escrito. Por ejemplo, si alguien escribe que el ministro es un hombre de vasta cultura, esté seguro, caro lector, de que cometió un error ortográfico, porque sin duda quiso decir basta (tosca, burda, grosera) y no vasta (amplia, extendida).
–Ta bien, Mendieta, ta bien. Y ahora, ¿qué le parece si en aras de aplacar la sed que hay, nos tomamos otra?
–¡Qué lo parió!
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