DESDE ADENTRO DEL TEATRO DE VERANO

Pirotecnia, gritos y distorsión

Particularmente alarma el inicio de estas demostraciones, cuando aún no se terminó de cantar, distorsionando la audición del conjunto, también la atención, tanto para el público como para el jurado, que instintivamente tienden a observar la pirotecnia, en muchos casos por prevención, dado posibles fallas de encendido o recorrido, que puedan provocar algún accidente, como ya ha pasado.

También puede perjudicar la misma actuación, en especial de solistas, que sorprendidos, pueden fallar, con el consabido perjuicio para el conjunto.

Sin ir más lejos, iniciado el fantástico solo final de Darío García en La Soñada, comenzó un coheterío infernal que sólo la capacidad y solidez del cantante, logró superar, incluso en volumen, con absoluta corrección y sin fallas.

Otra manifestación habitual son los gritos histéricos de los fans, a la aparición de sus ídolos en el escenario, muy comunes en otras manifestaciones artísticas, que pueden ser negativas, habida cuenta que éste no es un espectáculo más, sino un concurso.

En igual sentido va nuestro llamado de atención para otros gritos, los que pretenden ser de aliento, pronunciando a voz en cuello el nombre del participante, generalmente al iniciarse un solo o en medio de él, arriesgando igual distorsión que la anterior manifestación y molestias al resto del público.

Por último, el cada día más ruidoso estallido de las serpentinas al final de las actuaciones, que ya ha provocado más de un «susto» a componentes, a los que saca de concentración en el momento culminante de la actuación. Más allá de aportar color, alegría y sorpresa para el público, pasan a ser un recurso que por reiterado, se aleja del objetivo primario y se transforma simplemente en un anuncio del cierre de la actuación y punto.

Una vuelta esperada

En la jornada inaugural de la segunda rueda se produjo la vuelta del reloj que regula el tiempo de actuación de las agrupaciones y orientado para que pueda ser seguido por todos los espectadores.

Desde hace varios día el reloj falló y la única guía para los espectadores y para los conjuntos, eran las luces que se encendían: verde cuando restan cinco minutos y roja cuando son tres y desde luego, en el caso de los conjuntos el contacto permanente con el delegado de los participantes, que recibe informes directamente del presidente del jurado.

Finalizados los tres minutos últimos, comienza una cuenta decreciente de un minuto de duración, concluido el cual, toda presencia de componentes por mínima que ella sea sobre el escenario, pasa a ser pasible de sanción a razón de un punto por cada minuto o fracción. *

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