Entre la épica bélica y la acción vertiginosa
rotagonizada por Jude Law, Nicole Kidman y Renée Zellweger, la épica Regreso a Cold Mountain retrata el viaje de un soldado desertor hasta la mujer que ama durante la Guerra de Secesión. Una guerra sin sentido, un país partido en dos, un hombre que ha dejado de creer en todo y sólo quiere regresar a su pueblo y a la mujer que ama, aunque la separen de ella 500 kilómetros llenos de miseria y maldad.
Este es el argumento de Regreso a Cold Mountain, la última película de Anthony Minghella, el oscarizado director de El paciente inglés, que regresa a las pantallas con una epopeya, esta vez ambientada en la Guerra de Secesión de Estados Unidos.
Inman, un soldado confederado que decide desertar, emprende, cual Virgilio en la Divina Comedia de Dante, un largo viaje hasta la mujer que ama, Ada, quien en paralelo se ve obligada a emprender otro camino, más espiritual.
Regreso a Cold Mountain está basada en una historia real, la del verdadero Inman, el tataratío del novelista Charles Frazier, que en 1997 decidió llevar al papel las historias que había escuchado durante su infancia en las montañas de Carolina del Norte.
El británico Jude Law da vida a Inman, y precisamente esta interpretación le ha valido la candidatura al Oscar al mejor actor. Comparte protagonismo con Nicole Kidman, ganadora de la estatuilla a la mejor interpretación en la pasada edición de los premios, quien, sin embargo, en esta ocasión se ha quedado fuera de las nominaciones.
Sí ha conseguido candidatura Renée Zellweger. La protagonista de «Bridget Jones» aspira a un Oscar a la mejor secundaria por dar vida a Ruby, una trotamundos que abrirá los ojos a Ada y le enseñará a valerse por sí misma. Minghella vuelve a poner de relieve su maestría tras la cámara, con una cuidadísima película como todas las suyas , donde la fotografía y los paisajes cobran un especial protagonismo durante las dos horas y media de metraje.
El rodaje en los Cárpatos Carolina del Norte había cambiado demasiado dio mucho que hablar por causas ajenas al filme.
Diversos medios de comunicación publicaron que Nicole Kidman y Jude Law habían mantenido un romance, que habría sido la causa del divorcio del actor de la también actriz Sadie Frost. Varios rumores y pleitos después, el diario británico «The Daily Mirror» tuvo que llegar a pedir disculpas públicamente a Kidman por la publicación de tales informaciones.
Bailando en el cementerio
El tono es divertido con apuntes de humor negro, y la sensación que deja es agradable. Que si no resulta exactamente la felicidad, se le parece bastante, al menos en el rato que transcurre en la confortable penumbra de la sala.
Comenzando en el pasado, Bailando en el cementerio recuerda lo que no fue entre los adolescentes Betty y Boris, él demorándose en invitarla a bailar y perdiendo la oportunidad ante un más decidido Hugh. Al correr de los décadas, el trío aún permanece en el pueblito galés, donde Betty y Hugh son matrimonio y él se ha convertido en un político que la engaña con su joven y vulgar secretaria Meredith (Naomi Watts).
Mientras, Boris, empresario de pompas fúnebres, no deja de pensar en Betty y en triunfar como bailarín a lo Fred Astaire, ambos, sueños insatisfechos. Cuando fallece la desagradable madre de Hugh, el destino vuelve a reunir a Betty y Boris, quienes, empujados por la pasión y sabedores que no habrá divorcio, simulan la muerte de ella para, eventualmente, partir hacia otras tierras. Pero todo se complica por ciertos azares y con la aparición de un competidor de Boris, Frank Featherbed, dotado con el furor americano por las promociones (dos servicios por el precio de uno), los concursos (el ataúd del mes) y hasta funerales temáticos que permiten uno de los mejores momentos del filme. Más propicio para la sonrisa que para la carcajada, el filme es eficaz en su terreno, apoyado en la sólida labor de tres actores como Brenda Blethyn, Alfred Molina y Christopher Walken, éste con un peinado insólito que resalta el carácter farsesco.
Bailando en el cementerio, que se permite inclusive detalles de producción como un par de escenarios a la manera de los viejos music-hall hollywoodenses y una banda de sonido con incitantes temas de los tiempos del swing y otras delicias, provoca una amable experiencia.
Furia en dos ruedas
El cantante de rap y a la vez actor Ice Cube regresa a la pantalla grande con un filme de acción y aventura en Furia en dos ruedas, cuya dirección corresponde a Joseph Kahn: una trama con el sello de la intensidad y el vértigo.
En este largometraje el motociclista Cary Ford (Martin Henderson) es acusado por un viejo rival del asesinato de otro motociclista, cuyo hermano mayor, Trey (Ice Cube), es el líder de la más temida banda de motos en los Estados Unidos. Trey está dispuesto a realizar una carrera mortal contra Cary para vengar la muerte de su hermano y demostrar quién es el más rápido. *
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