Hollywood quiere emitir en vivo
La paranoia estadounidense no parece tener límites y ve enemigos en todas partes, en rigor terrorismo a diestra y siniestra. Ahora el gobierno del presidente George W. Bush, como ya ocurrió recientemente con la entrega de los premios Grammy, quiere que la ceremonia de entrega de los premios Oscar se emita en diferido por televisión. Las presiones han sido fortísimas y, hace unos días, el cineasta español Pedro Almodóvar atacaba frontal y denunciatoriamente una decisión que, hasta el momento, no parece tener un marcha atrás. Y, en definitiva, un llamado a la sensatez no vendría nada mal, teniendo en cuenta los millones de telespectadores que año tras año siguen la ceremonia que el próximo 29 de febrero se efectuará en Kodak Theatre de Los Angeles.
«Estamos totalmente en contra de esta situación. Nunca ocurrió algo así en el pasado, no nos agrada ni surgió de una decisión nuestra. Pero entendemos la tremenda presión que soporta por estos días la cadena de televisión que va a transmitir la ceremonia», comentó Bruce Davis, director ejecutivo de la Academia. Y consideró que la medida no tiene precedentes y que Hollywood pretende que la cadena ABC pueda hacer su trabajo alive.
Todo indica que la idea es que no vuelvan a ocurrir episodios como el de Janet Jackson cuando -acompañada por Justin Timberlake- salió con un seno al descubierto a cantar como bonus previo a la final del Superbowl del fútbol americano.
En rigor, la lectura de esta resolución va más allá del episodio naive de la Jackson (y que no tuvo nada de escandaloso ni de transgresor, por favor), y por cierto la administración Bush no quiere que se repitan speechs inflamados como el de Michael Moore -durante la pasada entrega de los Oscar- cuando trepó al escenario a recibir su estatuilla por su espléndido documental Bowling for Columbine. En ese momento, recuérdese, Moore ametralló a críticas a la administración Bush por su intervención militar en Afganistán y en Irak y se volcó a favor de la paz y por el cese de las hostilidades.
Teniendo en cuenta que el presidente de los estadounidenses está en franco declive y, a la vez, cada vez son más palpables las demostraciones antibelicistas y particularmente aquellas que solicitan que los soldados estadounidenses vuelvan a casa, las medidas de seguridad o la actitud policíaca parece ser la única respuesta casi como si se tratase ya de un universo cerrado, de estirpe orwelliana donde el Big Brother (Bush) hace y deshace a piacere.
La teoría de la conspiración, luego de los atentados a las Twin Towers el 11 de setiembre de 2001, crece a pasos agigantados y le llegó el turno a la cultura massmediática y y a la propia maquinaria hollywoodense. Desde el lugar del establishment puede entenderse. No sería improbable que muchos de los vencedores en la próxima entrega de los premios Oscar, al trepar al estrado, llamen a la reflexión ante la pésima y brutal política belicista del cowboy instalado en la Casa Blanca. *
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