UNA EXCELENTE ETAPA CON GRANDES ACTUACIONES

Grata adhesión popular al concurso

La noche del miércoles en el coliseo del Parque Rodó no fue una excepción en cuanto a la calidad de los espectáculos representados, siendo todos ellos sumamente disfrutables y entusiasmaron al público.

A primera hora revista Danza Americana marcó una presencia con buenos atributos, particularmente en cuanto a bailes y cantos, no desentonando los intermedios actuados, donde en general se manejaron los parlamentos criteriosamente, sin excesos y sin retórica ampulosa.

Buenos vestuarios y una escenografía muy correcta, dieron colorido y un buen marco para el desarrollo del espectáculo.

Las coreografías en general fueron creadas con buen suceso por Jorge Caride, el multifacético integrante de la revista, responsable además de parte de los textos junto a Ruben Cancela, del diseño de vestuarios, de la puesta en escena y también funciona muy bien como actor.

Danza Americana en definitiva cumplió una actuación acorde con la jerarquía del concurso y estará en la segunda rueda.

La Bruta saltó a la lid

A segunda hora Araca la Cana fue otra vez la Bruta en su máxima expresión, con una presentación avasallante, de gran solidez, conformada por un plantel plenamente identificado con la rica historia de un título que no nació para genuflexo y que mantiene enhiesta la bandera libertaria de la independencia.

Catusa Silva imbuido de esa tradición se mete en la piel de Araca y le transfiere un lenguaje duro, descarnado, sin concesiones, pero también donde la poesía no está ajena: «soltá los pájaros y el corazón/escribí un sueño en la pared/ y descubrite vos, gritá y luchá/ y encendé la luz del amor».

Tampoco la ternura y la esperanza: «aquí estoy de nuevo/trepando tablados/en busca del niño vestido de trapos/para maquillarlo de murguero…».

Grandes figuras se destacan en la actuación de Araca entre ellas por exhuberante, comprometida y técnicamente impecable de Carlos Paredes.

Mónica Santos es otro de los puntos altos de la actuación en su vuelta «a casa» lo mismo que Memo Cortes o Pablo Porciúncula.

Excelencias en vestuarios, diseñados por Juan Mascheroni y realizados por Esther Barbero y Olga González, otra vez notables maquillajes de Marianela Freire con una muy funcional puesta en escena de Ariel Caldarelli dan brillo a la murga.

Un párrafo aparte merece la presencia de Fabián Sánchez, como muy buen director escénico y arreglador coral, logrando con gran personalidad un efectivo rendimiento del notable coro de Araca.

Me voy pa’l circo

C.1080, la comparsa ganadora del concurso del año anterior realizó un original planteo escénico con la representación de un circo en el cual no faltaron sus figuras tradicionales: allí hubieron trapecistas, equilibristas, malabaristas, payasos…

Este planteo poco ortodoxo para un espectáculo lubolo tuvo no obstante, un jamás relegado contenido candombero y toda la actuación resultó una magistral conjunción de cuadros muy lujosos en sus vestuarios, de bailes con excelencias coreográficas, con temas cantados también con buenos textos e interpretaciones y todo ello, con un ritmo avasallante y cálido, siempre dominado por el tambor.

Lo de C.1080 es sin lugar a dudas la confirmación de estar en presencia de una comparsa líder, donde la búsqueda de elementos, que en principio pudieran parecer ajenos a las viejas tradiciones lubolas no lo son tanto y pueden perfectamente conjugarse, al ritmo de lonja y madera, que atrapa al público y dignifica la comparsa como género, resguardando su autenticidad.

Los merecimientos de C.1080 son altísimos y en todos los rubros.

Su coro muy buen dirigido por Maorik Techeira es un puntal de la actuación.

Los excelentes temas interpretados son producto de las plumas de Jorge Pino, Carlos Soto, Cachila Silva, Eduardo Rigaud, Mauro Crocco, incluyéndose un tema autoría de la desaparecida Margarita Silva, alma de la comparsa, titulado Somos.

Brillante la cuerda de tambores comandada por figuras jóvenes de imprevisible futuro en la percusión como Mathias y Wellington Silva junto a Luis Pereyra.

Bellísimas y estupendas como vedettes resultaron Gabriela Fernández, Daiana Rodríguez y Verónica Paredes.

En definitiva, la comparsa liderada por Cachila Silva, con el corazón del Cuareim en sus parches, brindó una fenomenal demostración lubola, que disfrutamos todos los que lo presenciamos.

Momolandia: la confirmación de otro grande

Es que Momolandia ha venido en los últimos años marcando un continuado ascenso, conformando un gran plantel de figuras que a esta altura le son propias y que jerarquizan sus actuaciones.

Con una más que brillante dirección escénica y arreglos corales de Rafael Antognazza, verdadero artífice de la gran actuación de Momolandia, comienza a gestarse la muy buena demostración murguera que resultó el cierre ideal para una gran etapa en el Ramón Collazo.

La fuerza, la vitalidad, pero también la calidad en la interpretación, tanto del coro como a su turno de los solistas de Momolandia, impactaron en el público que permanentemente saludó con aplausos entusiastas, a la murga que comanda como director responsable Oscar Díaz.

Coadyuva al embellecimiento del espectáculo la puesta en escena de Luis Trochón, un maestro en este sentido que aprovechó muy bien el escenario y paró a la murga de forma atractiva, sin menoscabo del rendimiento del coro.

Los solistas a su tiempo fueron un punto alto, destacándose como siempre Néstor Boiani, Miguel Bechi, Artigas Pérez así como Ricardo Villalba, «la voz» de Momolandia.

Grandes rendimientos de Jorge Ferreira, Tomás Vera, Oscar Lescano dentro de un plantel de primerísima línea y que confirmó en los hechos, la vigencia del título.

Momolandia está peleando una vez más a la vanguardia de la categoría.

Vestuarios de Rodolfo Alvarado, maquillajes de Rossana Bassi contribuyen lujosamente al gran espectáculo, así como una conjunción insólita de letristas que lograron no obstante, un libreto parejo y sin fisuras. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje