Sonata otoñal y solitarios urbanos
Por fin llega a salas de estreno la impecabilísima Perdidos en Tokio, de Sofía Coppola. La película, protagonizada por Bill Murray y Scarlett Johanssen, ya obtuvo tres Globos de Oro y cuatro candidaturas al Oscar (entre ellas a mejor película y mejor dirección, Sofía), es la historia de dos solitarios que se prestan calor y palabras en la inmensidad urbanística de Tokio. Ella llegó acompañando a su marido (Giovanni Ribisi) y él, un actor en desgracia, a rodar un spot.
Hay una poética casi de caligrafía minimalista en este filme donde estos solitarios se pasan en limpio, se pasan ternura, se relatan sus historias y en consecuencia sus peripecias de vida. Es un filme generosamente conmovedor y con un Bill Murray verdaderamente fuera de serie.
Sofía Coppola, la hija del gran Francis, construye una escritura visual hecha de detalles. Arropa ese vínculo de esos solitarios (Murray y Johanssen) que se acompañan desde sus interioridades para convertir al filme en un canto a la condición humana.
Amor otoñal
Nancy Meyers en esta comedia se gana la simpatía del espectador por obra de la intuición y sensibilidad de dos comediantes estupendos como Diane Keaton (un Globo de Oro y candidata al Oscar) y Jack Nicholson. El aporte de los protagonistas es tan decisivo como para hacer presumir que sin ellos el filme podría desbarrancarse.
En Alguien tiene que ceder, de Nancy Meyers, existe una pareja tan despareja como para que las chispas de la rivalidad se enciendan desde el primer encuentro. Y nadie ignora que el origen de tanta hostilidad suele provenir de una atracción. Un hombre y una mujer que se detestan a primera vista (dos adultos como Keaton y Nicholson) y que más tarde fundan un amor de trazo otoñal. El es un sesentón acostumbrado al éxito tanto en el terreno profesional como en el amoroso, donde ha llegado a ponerse muy exigente: jamás se interesa por chicas mayores de treinta. Ella, que ya ha pasado el medio siglo y hace rato se considera retirada de la arena amorosa, tiene otro tipo de preocupaciones: es una autora teatral reconocida y ahora mismo anda a los tumbos con la construcción de su próxima comedia.
Se conocen de la peor manera en la casa de playa de ella junto a su hija (Amanda Peet). Pero al veterano galán le da preinfarto del que deriva un hecho decisivo, pero indispensable para que haya comedia: el enfermo deberá permanecer un tiempo en reposo, no lejos del hospital.
Es decir, en la casa de ella, según sugiere el joven médico (Keanu Reeves) que lo atendió y que quiere tenerlos cerca a los dos: a él por razones profesionales y a ella porque, además de admirarla, la encuentra irresistible.
De ahí en adelante, la madura pareja obligada a convivir pasará por todos los altibajos previsibles. Mientras tanto, ella caerá en la cuenta de que su decisión de retirarse de la vida amorosa ha sido quizá demasiado prematura y él, de que le ha llegado la hora de revisar su concepción de la independencia. *
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