Un demócrata con olor a salsa ketchup
Muchos de sus allegados llegaron a decirle que se trataba de un cabeza hueca que buscaba todo el tiempo robar cámaras. Pero John Forbes Kerry, precandidato del Partido Demócrata que parece no querer parar hasta obtener las llaves de la Casa Blanca, no come vidrio, sino seguramente caviar del mejor. Y, por otras muchas razones de la cultura política contemporánea, parece el candidato que encaja en los mandamientos demócratas y dejará atrás a Dean y al resto de sus precandidatos opositores. Y hasta factiblemente ponga más que en jaque al cowboy George W. Bush.
Liberal, desde temprana edad por formación familiar, no obstante cumplió con su deber y en 1967 se trepó a un avión y fue a pelear a Vietnam. Estaba en contra de la guerra, pero estuvo en el frente de batalla. A su regreso, junto a cientos de veteranos de guerra, encabezó la decisión de las medallas al valor que se les habían entregado por su valor y las arrojaron a la entrada del Capitolio.
John Forbes Kerry es de esos individuos que hace lo que se propone y, por eso, ha declarado que si alguien se mete activamente dentro del escenario político, su propósito debe ser la presidencia. Está en camino. Y su formación lo estaría dictaminando de esa manera: el nuevo JFK, como lo ha calificado la prensa estadounidense, proviene de la aristocracia. Nació en Boston y reside en New England, un lugar residencial.
Es el establishment. Pero, a su modo, Kerry parece tener lógicas de cambio –heredadas precisamente de las peripecias de John, Bob y Edward Kennedy– que lo están perfilando como el mejor candidato ante la opinión pública, a tal punto que considera que puede derrotar a Bush: «Soy el mejor para derrotarlo, y estoy convencido de ello», confesó muy recientemente.
Se casó en dos oportunidades. Primero con Julia Thone con la cual tuvo dos hijos (ya adultos). Después, por una cuestión de imagen, según pudo conocerse, decidió divorciarse hacia 1988. Su ex mujer vive ahora en Montana. Después, bastante tiempo después llegaría Teresa Heniz –multimillonaria y heredera de los productos Heinz, la famosa salsa ketchup– cuando el precandidato demócrata ya había revertido su imagen en el escenario político. No obstante los medios de Boston, la ciudad natal de Kerry, han señalado hasta el hartazgo que la Heinz, de 65 años, fue la que logró que se volviera un individuo auténticamente presidenciable.
La mujer fue intérprete en la ONU y su nombre completo es María Teresa Thiersten Simnes-Ferraira. Se crió en Mozambique, y allí concurrió a un colegio de monjas británicas.. Habla cinco idiomas, producto de su paso por Sudáfrica y por Suiza. Después contraería matrimonio con el zar de la salsa ketchup, John Heniz II y el asunto duraría 25 años. Del di Del divorcio quedaron tres hijas y una fortuna valuada en 550 millones de dólares. Una pipoca.
Después conocería, en 1992, en la Cumbre de la Tierra de Río, a John Forbes Kerry. Segundo matrimonio, y el tránsito pues de un declarado republicano a un demócrata, muy shakespeareano todo el tema. Ahora es Teresa Heinz Kerry y, entre otras cosas, es directora de la Fundación Heinz, una de las instituciones filantrópicas más grandes de Estados Unidos.
Desde ese lugar, con fines benéficos, reparte millones cada año en apoyo al medio ambiente, en pos de los derechos de la mujer, de la educación o de las artes. En su estilo de discurso elocuente, frontal, sin vueltas ni complejidades, una vez se la escuchó decir: «No hago dinero en mi oficina, sólo lo reparto».
Tiene su propia agenda, su staff privado con asiento en Washington y hasta su propio avión privado para cuando lo necesita (conocido como The Flying Squirrel), publicó recientemente el diario inglés The Observer. Teresa Heinz Kerry nunca usa los prendedores de campaña y en ocasiones omite mencionar que es la esposa de un candidato a la presidencia. Si su esposo desde hace nueve años finalmente gana en las internas y deviene candidato presidencial, Estados Unidos tendrá una primera dama totalmente atípica y opuesta a la serena esposa de Bush.
Todo ese impulso de su mujer es el que le ha permitido a Kerry, factiblemente, ataques frontales al actual presidente Bush: «Ha hecho la política exterior más arrogante que he visto en toda mi vida. Creo que los Estados Unidos debe volver a ser un país más justo, además de poderoso. Bush utilizó el miedo para vencer en las últimas elecciones y lo hará de nuevo»
En cuanto a la confrontación que mantiene su país con Irak, Kerry no duda de su posición: «Llevaría la crisis de Irak al ámbito de la ONU. El problema es cómo alcanzar la estabilidad en Irak. Hay que hacer lo necesario y eso significa implicar a la comunidad internacional, a la ONU, a los aliados y a todos ellos la responsabilidad efectiva de la reconstrucción. Esto, además reduciría el precio pagado por los estadounidenses en vidas y en dinero. Después, reabriría el proceso de paz en la región, implicando incluso en el proceso tanto a Clinton como a James Carter». *
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