EL COLOMBIANO JUANES GOLPEO FUERTE EN PUNTA

El pop como forma de la masividad

El compositor y cantante colombiano Juanes, imagen del suceso, trascurre del personaje tímido a la estrella pop . Y es el mismo que puede emocionarse fuertemente al escuchar las canciones del cantautor cubano Silvio Rodríguez y, asimismo, el que mantiene su privacidad a rajatabla. Su familia por fuera del bullicio, aunque sepa apreciar la bendición masiva de sus fans.

En efecto, el colombiano Juanes viene de brindar un concierto muy bueno en el parking del Hotel Conrad en Punta del Este. Después aprontó su equipaje y voló a encontrarse con su familia en Miami (donde vive con su mujer Karen y su hija Luna).

Juanes ha admitido que todavía no sabe cómo articular su camino de estrella con su vida cotidiana. Quizás porque su paso del anonimato al reconocimiento internacional fue en lo personal una sensación realmente meteórica y hasta extrema. Se conoce el itinerario: 2001: Juanes yendo a recibir sus ocho candidaturas al Grammy latino (por su primer disco Fijate bien) con su calzado deportivo, esa informalidad que es su sello personal. Claro que esto ocurrió después de 16 años al frente de una banda metalera: Ekimosis .

«No me gusta, pero hace lo suyo, suena muy ensamblado como producto pop», es la típica frase con la que suelen definirlo algunos críticos de música que temen poner en riesgo su prestigio de expertos. Como si a Juanes sólo se le reconociese aportar calidad a un estilo que mucho no respetan: el pop latino. La industria, en cambio lo premia: en 2003 ganó cinco Grammys latinos y dos MTV Latinos y su último disco Un día normal vendió un millón y medio de copias alrededor de todo el mundo, convirtiéndose así en el artista latino más premiado del año y con mayor proyección.

Además de calidad, Juanes aportó rock y los ritmos de su tierra. Colombia, el país de la guerrilla y los secuestros, el país de Betty la fea, del escritor Fernando Vallejo. El país donde cualquiera puede escuchar Ricky Martin, ir a un recital de A.N.I.M.A.L. y bailar vallenato, sin quedar atrapado por ninguna etiqueta.

 

-¿Coincidís cuando los demás hablan de tu crecimiento en el 2003?

-Creo que el crecimiento no tiene que ver con los premios ni con la venta de un disco. El crecimiento tiene que ver con lo que uno hace día a día y con darse cuenta qué lo hace sentir bien, qué es lo que realmente quiere. Yo siento que he crecido del primero al segundo disco, musicalmente y como persona. Me siento mucho mejor que hace cuatro años. Creo que he aclarado muchas ideas y he limpiado la basura de mi cerebro.

-¿Qué ideas?

-Cada vez voy aceptando más lo que soy y de dónde vengo y qué es lo que tengo que hacer. No forzar las cosas, sino simplemente encontrar lo que soy, aceptarlo y plasmarlo en las canciones.

-¿Eso se relaciona con el paso del rock a tu actual mezcla de ritmos?

-Sí. Mi historia comenzó con todo lo folclórico, la trova cubana, los ritmos de mi país, luego pasó por el metal estridente y después regresé a esa parte que extrañaba mucho, de la melancolía y el sentimiento y el folclore. Y en ese regreso traje cosas del rock. Pero yo hago mi música más tranquilamente. Antes, con la banda, estaba preocupado pensando qué le gustará a la gente. Ya me di cuenta que no va por ahí, que soy un man que nació en Medellín, que me crié escuchando tangos y música colombiana, vallenatos, ése es mi rock, mi folclore, mi blues, mi jazz, ésa es mi esencia.

-¿En algún momento eso te avergonzó?

-No, pero sí llegué a pensar cosas ridículas como por ejemplo que el vallenato no era bueno para mí. Ahora no puedo vivir sin él. Antes de Led Zeppelin antes de los Beatles, de los Rolling Stones, yo escuchaba vallenato porque es lo que ponían mis papás. Además, hay un aspecto del rock bastante snob, conectado a cosas muy pasajeras, no tan esenciales como las que conecta cierto folclore argentino».

Y Juanes, en ese contexto, expande sus meditaciones: «Y todas las letras de los tangos me gustan mucho, porque están cargadas de dolor y de una amargura y de una cosa muy fuerte, y los boleros también. Es como una música que trasciende. Medellín es una ciudad re tanguerísima, ahí desafortunadamente murió Gardel y hay una casa gardeliana y muchas escuelas de tango».

-¿Cuál es la sabiduría del colombiano?

-Quizás por nuestras mismas dificultades hemos aprendido a disfrutar la vida y a tener un espíritu muy alegre en medio de la adversidad. Somos una raza muy creyente en nosotros mismos. En Colombia decimos «echados pa’ adelante». Además, la familia es clave en nuestra cultura.

-¿Y la parte menos sabia?

-Creo que la parranda nos gusta mucho a todos.

-¿Y cómo es la gente de Medellín?

-La de Medellín es gente que está siempre trabajando desesperadamente por la familia, por lo que sea, quiere ir más allá, es gente súper amable, muy cálida. La música es muy importante en Colombia, la religión también.

-¿Siempre fuiste creyente?

-Mi forma de ver a Dios y todo eso es más bien a través del amor y de la música. No es que vaya a una iglesia.

En tu página de internet elegís el Padre Nuestro como oración, ¿por qué?

-Bueno, desde muy pequeño he tenido la costumbre de orar cada noche. Aún ahora lo hago. Y lo hago cuando me acuesto y cuando me despierto. La religión es algo muy personal. Rezar el Padre Nuestro es algo que me inculcaron de muy pequeño, no es ya tan consciente. Puede que hacerlo ahora no me dé ninguna seguridad especial pero sí me la da tener la fe y el recuerdo de eso. Mi padre falleció hace unos nueve años y desde entonces más bien es como que siento que hablo con él, es como si él estuviera representando también a Dios, esa persona que yo creo que de alguna manera está ahí siempre conmigo.

Además de la oración el sitio de Internet entrega otras pistas. Un ídolo: Silvio Rodríguez. Algo imborrable: «tres tatuajes y dos amores». Los tatuajes en cuestión son: un tribal, sin significado. Una enorme y casi gótica letra jota en el brazo izquierdo (sus hermanos varones se llaman Javier, José, Jaime). Y el tercer tatuaje: un ojo, arriba de la jota. «El ojo representa la puerta del alma, como que a través de los ojos se pueden ver muchas cosas de cada persona. Cuando yo conozco una persona, siempre los ojos dicen mucho», reflexiona el intérprete colombiano.

-¿Y sos de mirar a los ojos, nunca te da vergüenza?

-A veces me da vergüenza pero siempre miro. A pesar de la vergüenza. Hay que mirar a los ojos, siempre. Sí, hay como un tiempo, que nunca contabilicé, digamos máximo de aguantar, porque es intimidante también. Hay veces, por ejemplo, que conocés una persona y te conectás tan impresionantemente que también te asustas. Y otras que con una sola mirada ya sabes que no tienes nada que ver.

-En el disco hay una canción dedicada a tu mamá, ¿qué es lo más importante que te transmitió?

-A ver, tantas cosas, el amor, el respeto. Y la paciencia. Mi mamá me enseñó mucho a ser paciente. Mi carrera no fue fácil, pasaron 16 años hasta que la gente empezó a conocerme y ella siempre estuvo dándome mucha energía interior y fe para perseverar. Ella siempre me decía que tenía que seguir en lo mío y que tenía que esperar y tener paciencia que algún día iba a llegar. Y ahora me dice que tengo que tener mucho cuidado, que tengo que seguir por donde siempre he venido, que no puedo cambiar ahora. *

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