Una cita obligada para hoy

Rubén Olivera en la Zitarrosa

Forlán Lamarque

Hay una sensación definitiva para calificar la labor compositiva de Rubén Olivera: la meticulosidad, la pluralidad estética, el refinamiento en el resultado de su producto final tan plagado de sutilezas y de una poética por momentos alumbradora y deslumbrante.

Hay autenticidad y nobleza, una calidad entrañable y calurosa cuando uno recorre el itinerario de este cantautor que ya lleva más de dos decenios al servicio de la canción popular uruguaya y que, al mismo tiempo, emerge como uno de sus mejores patrocinadores. De hecho, ya en artículos o ensayos de alta minuciosidad analística o en sus abordajes de otros compositores efectuados para TV Ciudad, Ruben Olivera se ha planteado con resultados estupendos difundir esas regiones tan variadas, tan múltiples de la canción que nos otorga esa necesaria seña de identidad.

Por supuesto que el propio cantautor, al que muchos reconocen por haber compuesto a dúo con Mauricio Ubal la emblemática «A redoblar», es de esos músicos sumamente refinados, muy autocríticos que han tenido el temblor de la persistencia (en un mercado tan difícil como el musical uruguayo) y el temblor a flor de piel de un talento que no ha decaído con el paso vertiginoso de los almanaques.

Es un cantautor de inocultable entereza y destreza, también un intelectual de amplio fluir reflexivo que a la hora de exponer su propia lo ha materializado con las virtudes de un impar.

Canciones de texto, diría Washington Benavides, y esa definición ingresa sin estridencias en el corups creativo de Rubén Olivera. Canciones donde ese trípode que conforman la melodía, el texto y la voz hacen el todo, la forma y el contenido de una obra que debió tener –como la de muchos de sus colegas– mayor resonancia en estos tiempos de quiebres de los valores y de las categorizaciones; en tiempos de un vale todo impersonal y descafeinado.

Todo lo contrario ha sido la peripecia de menor a mayor de este Rubén Olivera que hoy a la noche, más concretamente desde las 21.30 en el escenario de la Sala Zitarrosa, presentará el núcleo de canciones que conforman su disco Una tarde de abril; canciones donde se ha trabajado a fondo en su fase musical y arreglística y, por proyección, en su apalabrar o poética con métrica de relato o desde un discreto yo confesional. Así, pues, el cantautor: oyendo las acústicas epocales y las de la comarca para diseñar un producto muy parecido a la hondura.

Durante el show de esta noche, el cantautor estará rodeado de un equipo excelente de instrumentistas, a saber: Sergio Fernández (piano), Edú Lombardo y Martín Mugerza (percusión), Mariana Perta (oboe y corno), Popo Romano, (bajo) Juan Alsina (violín), Martina Rodríguez (violoncello) y Gian Di Píramo (viola). El refinamiento a tope.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje