EL EXCELENTE COMPOSITOR RAUL BARBOZA EN CLUB DE JAZZ MEDIO Y MEDIO

El chamamé sube al escenario a conmover

El acordeonista y compositor argentino Raúl Barboza  contra todo lo que se supone  nació en Buenos Aires, pero siempre va a remarcar su plena ascendencia guaraní. El notable chamamecero y uno de los renovadores de la proyección folclórica en el Río de la Plata, que se presenta en concierto hoy y mañana en el Club de Jazz Medio y Medio (Rinconada de Solanas, Punta del Este), ha transitado un camino por el que desde su infancia trató con los más altos exponentes de los ritmos del litoral como Damasio Esquivel, Ernesto Montiel, Isaco Abitbol y otros.

En su ya vasta trayectoria artística, donde no ha eludido el tono experimental, su canción más emblemática va a seguir siendo «El tren expreso». Y aun cuando fijó residencia en París desde hace un largo tiempo, Barboza no ha perdido absolutamente nada de los sabores del suelo natal, de la comarca que lo vio desplegarse tempranamente en los quehaceres de la música poular contemporánea.

En París fue músico de, entre otros, los Hermanos Cena, para luego construirse una importante trayectoria como solista, y en donde su mapa de canciones lo eleva como un compositor y un autor tan solvente como altamente creativo. Sin alejarse de la tradición, Barboza ha logrado una pista de acción realmente valiosísima en sus diversas construcciones sonoras, y su música ha hecho travesías muy aprobadas en diversos lugares como Etiopía y diversos sitios de Asia. Ni que hablar de América Latina y Europa.

Cuando alguna vez se le preguntó a Raúl Barboza cómo lo trataban los litoraleños por lo audaz de su propuesta, confesó delinenando cierta cuestión paradojal: «Hoy no lo sé muy bien, pero de aquellos años en los que andaba recorriendo el país recuerdo que los chamameceros decían: ‘El Raulito toca bien, pero su música no es del chamamé’, mientras algunos que no eran músicos pensaban que yo era ‘un buen músico jovencito, que toca bien; pero lástima que hace chamamé'»

Y agrega, como para reafirmar sus señas de identidad: «Yo nací en La Boca, pero mis padres eran ambos guaraní-parlantes. El era de Curuzú Cuatiá y, mi madre, una santafesina por accidente que también vivió en Curuzú. Ellos llegaron a Buenos Aires, como la mayoría de los inmigrantes del interior,en la década del treinta, y no volvieron nunca más a sus pagos. Mi padre también era músico chamamecero. En la piecita donde vivíamos nos visitaban Samuel Aguayo, Damasio Esquivel. Ya desde el vientre de mi madre venía escuchando los chamamés que tocaba y cantaban mis padres. Por otra parte, vivía rodeado de italianos que escuchaban tango en la radio. Soy un admirador incondicional de Gardel. Creo que su voz no era para cantar solamente; además era un instrumento musical capaz de sonar con todos los colores y matices posibles. Se puede decir que yo me alimenté con chamamé y tango, y uno a veces transpira el olor de aquello con lo que se alimentó. Pero hay un problema y es que hoy veo que se sigue escuchando el tango de 1930. Quizás, es que estamos reacios a los cambios. Es algo muy raro porque, por ejemplo, a los artistas africanos que llegan a Europa no se les ocurre cantar solamente lo de treinta o cuarenta años atrás como suelen hacer los tangueros que llegan allá: hasta cantan rap».

Raúl Barboza, en toda su dimensión reflexiva. Un personaje ya casi legendario de la música popular contemporánea que posee una trayectoria impar y un repertorio plagado de aciertos. Es lo que el público que se arrime al Club de Jazz Medio y Medio, en Solanas, podrá comprobar y gozar al tope.

Música, maestro.. *

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