El regreso al western tradicional
Parece que Kevin Costner quiere resucitar. Volver a las fuentes o, en todo caso, a aquel escenario que lo impulsó a sentarse en la silla de cineasta y fundar la más que laureada Danza con lobos. Aquel alegato contra la masacre aborígen, aquel extenso fresco épico de oerfil claramente humanista donde Costner colocaba su mirada histórica pos Guerra de Secesión y abandonaba su personaje a la cultura indígena que llegó a adoptarlo como uno más. Y que se hasta se llegaba a enamorar de una indígena (la excelente Mary McDonnell) y reconstruía, después de liberar su sistema de culpas, todos sus princios: éticos, morales, afectivos y hasta de convivencia.
Danza con lobos capturó diez premios Oscar y Kevin Costner tuvo su momento mayor de celebridad. Después se mantuvo en la tensión que expone todo podio cuando encaró proyectos de envergadura como actor: cuando, por ejemplo, encarnó al fiscal Garrison en el docudrama JFK de Oliver Stone.
Más tarde arribaron los altibajos: filmes de empaque futurista como Waterworld o El mensajero, en rigor metrajes de largo aliento que obtuvieron críticas muy divididas. Es que, por cierto, ambos filmes pudieron ser títulos de alto rango, pero a Costner lo traicionó su propio narciismo, además de debilidades guionísticas. Y eso de estar todo el tiempo en la pantalla, eso de los permanentes primeros planos -como ocurre con Tom Cruise en El último samurai, por ejemplo-, conspiraron contra su entonces buena estrella. Por ahí hubo otro western como Wyatt Earp donde Costner volvió a imponer presencia, aunque luego fuese desdibujándose en una saga de comedias románticas menores.
Ahora volvió a sentarse en la silla de director para la gestación de Pacto de justicia (Open range). Es un western de pura cepa. No hay guiñadas al género ni efectos paródicos como ocurrió en título de gratísima factura como Silverado o Rápida y mortal. Ni tampoco el tributo al género que puede ser 800 balas del español Alex de la Iglesia. ni posee la ambición mayor de aquel soberbio anti-western, aquella entrada por la puerta trasera del saloon que viene a ser Los imperdonables, de Clint Eastwood.
Que Costner protagoniza junto a Robert Duvall, Annette Bening y Michael Gambon.
En Pacto de Justicia Costner y Robert Duvall encarnan a dos ganaderos obligados a poner las cosas en orden frente a un autoritario (el inefable Michael Gambon) de un pueblo que no los quiere estacionados allí. Ambos personajes tienen un pasado heavy y se han retirado de toda acción, pero que un incidente terminal -el asesinato de uno de sus compadres- los llevará a la territorialidad de la justicia por mano propia, incluyendo el tradicional duelo callejero, y que tampoco eludirá el romance. Un western a la vieja usanza narrado con temple y convicción narrativas.
Costner despliega en Pacto de justicia una forma de recrear las atmósferas del western con toda su iconografía epocal , Y al mismo tiempo, no falta el ejercicio romántico entre el personaje de Costner y el de Annette Bening (una actriz inmensa, de recursos expresivos completos), una dama soltera que ayuda a su hermano, el médico local, a administrar una clínica . Es que no hay western si no hay pasiones de esta índole, parece ser el mensaje de Costner.
No obstante, Kevin Costner reverdece nuevamente como director y hasta llega a ser convincente como actor. Por lo tanto, Pacto de justicia se vuelve disfrutable, un modo de entertainment solventísimo desde la estética del westerna como western, así como también como película a secas. Y a la vez, está el inmenso Robert Duvall -siempre justo en sus gestualidades, sus dichos, sus movimientos frente a cámara- casi como patrón o eje rector de una trama o anécdota que no posee demasiadas fisuras, a excepción de algún exceso libretístico.
Pacto de justicia es un western fundado con nobleza, con personajes que se involucran en una historia del lejano oeste donde cabe los rostros sonrientes y la química de lo bueno, lo malo y lo feo en de manera fluída y certera. *
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