Una mirada a la violencia extrema
Irreversible es una de esas películas de tipo «tómelo o déjelo». La fascinación o la irritación pueden ser las reacciones extremas de su espectador, y aunque siempre cabe la posibilidad de actitudes intermedias, éstas van a ser probablemente minoritarias.
Uno o varios de los shocks que el filme proporciona provienen de aspectos puntuales de la anécdota: una violación mostrada en tiempo real, una cabeza literalmente destrozada a golpes con un extinguidor de fuegos. Ambos hechos están relacionados por la anécdota de la película, pero la manera de presentarlas invierte el orden narrativo, y allí radica otro de los aspectos llamativos de la construcción de Irreversible: la acción va desde el final hacia atrás, comenzando por mostrar los efectos para retroceder luego hasta las causas.
El procedimiento no es por supuesto totalmente original, y se aproxima a lo que Harold Pinter hizo antes en su pieza teatral Baetrayal, llevada al cine por David Jones como Traición de amor (1982), y que inspirara también el filme Bésame mucho (1987) de Francisco Ramalho Jr. Más cerca, el policial sobre amnésicos Memento (2001) de Christopher Nolan manejó algún mecanismo similar. Hay que razonar empero que no se trata de un mero capricho expresivo, un puro alarde sin una justificación estética: lo que esos antecedentes proponían, y lo que reitera aquí el director y libretista Gaspar Noé, e la intención de mostrar unos hechos, y luego avanzar (o más bien retroceder) en la exploración de los antecedentes que condujeron a un desenlace dramático.
Explicar: no necesariamente justificar. El encadenamiento de hechos mostrados a través de la cuenta regresiva de Irreversible atraviesa las fronteras del horror y la justicia por mano propia, pero al menos en principio no es la apología de esos extremos: a lo sumo consiste en constatar que ciertos acontecimientos producen o desembocan en otros. No hay que confundir el punto de vista del autor con el de algunos de sus personajes.
Las ganas de provocar no son una novedad en la carrera de director Noé: quien haya visto su anterior Solo contra todos (1998), que era un dura crónica del «pequeño fascista» que se puede ocultar en un ciudadano común en la que había algunos picos de violencia casi intolerables, sabe lo q!=ue puede esperar ahora. Nacido en 1963, su juventud osciló entre Francia, Nueva York y Buenos Aires, y estudió cine en la escuela Louis Lumière. En 1993 obtuvo tres premios en Cannes con su mediometraje Carne, que buscaba impactar a su espectador con el descuartizamiento de un animal a cargo de un carnicero (el protagonista de Solo contra todos era también un carnicero, casualmente). A la altura de Irreversible, un filme que generó polémicas, elogios y rechazos cuando se lo presentó en el Festival de Cannes, está claro que el hombre llegó al cine para quedarse, y va a seguir dando que hablar. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad