"Prescindir de las reglas y aprovecharse de ellas"
The Strokes es la medida del rock fino y a la vez pura sangre de principios de milenio. Y es la medida del goce y de una estética que se desmarca de la media roquera: envuelven y hechizan. Epicos y líricos. Elegantes y viscerales. Cuando irrumpieron en la escena de la cultura rock con Is this it, hubo como una emanación de oxígeno, de escenificación creativa avasallante.
Tal vez muchos pensaron, como suele ocurrir que The Strokes, podían ser una banda de un solo disco, pero la edición de Room on fire confirmó su talento y su formidable pulso compositivo, al punto de que LA REPUBLICA eligió al disco como uno de los mejores de 2003. Toda una saga de canciones furibundas y, al mismo tiempo, de una fineza arreglística impresionante. Es que sus canciones son realmente tremendas en su concepción y en su ejecutividad.
Su carismático líder, Julián Casablancas, hijo de John, el fundador de la agencia Elite Models, contradice los modos estereotipados del star roquero. «Después de haber trabajado tan duramente, no es un premio lo que vuelve real el trabajo. Es agradable, pero creo que en realidad no lo necesitamos, no debería cambiar nada, no debería hacernos pensar ‘ahora estamos mejor, somos más apreciados’. Es sólo un premio».
Casablancas no pensó en un suceso tan rotundo: «Pensaba que tal vez tendríamos éxito como banda under, ganando lo suficiente para hacer giras, como las pequeñas bandas indie. Pensé que seríamos algo así, no algo tan grande».
Y en ese contexto, pues, admite: «Creo que intentábamos hacer algo que fuera realmente bueno, pero que no le gustaría a todo el mundo, nada de estereotipos pop». Parado en la realidad, con un bajo perfil evidente, Casablancas define el modus operandi de su banda: «A The Strokes le gusta mostrarle a la gente que uno puede prescindir de las reglas y usarlas para su propia ventaja. Que se puede hacer algo especial sin vender el alma. Todavía estamos aprendiendo cómo hacerlo, pero definitivamente no quiero vender mi alma. Simplemente buscamos un equilibrio y hacer lo que creemos correcto trabajando duro».
Y agrega por si las moscas Casablancas: «En este momento es más bien como que estamos tratando de lograr que a la gente le guste la música. Es como una presentación, como decir, ‘encantado de conocerte’, no como si uno quisiera decirle a la gente cómo debe vivir porque sería muy arrogante de nuestra parte».
Esfuerzo y diligencia son parte del entrenamiento que Casablancas se autoimpuso para no caer en los errores que hicieron otros compositores de rock.
El sabe que puede desaparecer antes de que uno se entere: «Hay que entender que hay cosas que no las entiendo como música, sino que se trata del negocio de la música. Sólo un puñado de compositores contratados, músicos contratados, bailarinas lindas que pueden cantar, no es suficiente. En los Estados Unidos hay un gran mercado para eso.
En realidad, no pienso en eso. No es lo que yo hago, y no es música, así que no pierdo el tiempo pensando en ello. Me enojo un poco cuando de pronto los medios engañan a la gente haciéndole creer que eso es música. Es triste, pero como el tiempo se lleva todo, en realidad no me preocupa».
Julián Casablancas es de los que poseen principios férreos en cuanto a cómo operar dentro de la territorialidad de la cultura rock: «Sí, lo sé. Pero el asunto es tratar de ser como la Velvet Underground, con la diferencia de que la gente llegue a conocerte. Depende de lo bueno que seamos, y de cuán duro trabajemos. Si hacemos algo especial, los medios van a ser solamente una herramienta para entrar y después tal vez nos arreglemos sin ellos».
No quiere hablar de influencias, y de pronto Casablancas confiesa: «El otro día tuvimos una especie de flashback musical, escuchando discos que solíamos escuchar en la secundaria. Nada en particular, pop de los años ochenta. Bad, de Michael Jackson, el compacto de Cindy Lauper… aunque a mí todavía me gusta Cindy Lauper.
Al final de la entrevista, el líder The Strokes se arriesga a un listado de modelos por década transcurrida: «Elvis Presley y su movimiento sexy de caderas estrenaron el rótulo de estrella de rock.
En los sesenta, los nombres inevitables: «Los Beatles y Jim Morrison representaron a dos tipos de estrellas roqueras en tiempos del flower power».
Para Casablancas, los setenta son la imagen del glamour: » David Bowie y Mick Jagger explotaron diferentes aspectos del estrellato, cuando el rock comenzó a ser un gran negocio y divismo».
Los ochenta: «Axl Rose y su vinchita y Bono y su llamado por la paz marcaron tendencia en la década en la que el pop creó más estrellas que el rock. Y los noventa: «El grunge que revolucionó la escena trajo consigo un nuevo tipo de estrella: Kurt Cobain (Nirvana) y Thom Yorke (Radiohead) sufren por ser famosos y no saben en qué gastar la millonada que ganan». *
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