Un director casi perfecto
John Schlesinger ha realizado un puñado de las películas más maravillosas del último medio siglo. Pero Una pareja casi perfecta no es una de ellas.
La base del argumento es una situación: ¿qué pasa si un gay comete un desliz con una mujer y resulta padre?, ¿qué si viven como familia? No serán la familia ideal, pero sí el mejor sustituto, «The next best thing» del título original.
El peligro es que, cuando se parte de una situación demasiado buena, suele descuidarse lo demás. O, como en este caso, los productores sólo se preocuparon por conseguir un reparto taquillero: Madonna y Rupert Everett (más Benjamin Bratt, Lyn Redgrave y Michel Vartain).
Madonna probablemente lleve el público y haga de todo esto una inversión financieramente redituable. Pero no actúa, por lo que cualquier esfuerzo de Schlesinger queda por el camino.
Una lástima, porque este director inglés (nombrado por la reina «comandante del imperio británico») había ganado un León de Oro en Venecia con Terminus, un documental; un Oso de Oro en Berlín con Una forma de amor y había realizado Darling (candidata a Oscar), aun antes de ir a Hollywood.
Allí removió con Perdidos en la noche (Midnignt cowboy), siguió con Un domingo sangriento, El día de la langosta, Maratón de la muerte, Madame Sousatzka y El inocente, entre otros filmes memorables.
Como si fuera poco, trabajar para teatro, televisión y hasta reggie de óperas.
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