El pasado sigue ahí

Los dolores de la guerra, los resabios del terror, siguen actuando subterráneamente en Antwerp, una pequeña y moderna ciudad belga, en esta película que ganó cuatro premios en Berlín 98.

Por amor de Jeroen Krabbé, con Laura Fraser, Isabella Rossellini y Maximilian Schell, está ambientada a principios de los años 70.

Chaja es una estudiante de filosofía, liberal, con problemas para relacionarse con sus padres, sobrevivientes de los campos de concentración que no tratan el tema. La madre dedica sus energías a cocinar tortas, el padre cava por todo el pueblo buscando unas valijas que había dejado enterradas.

La muchacha entra a trabajar como niñera en una familia judía ortodoxa.

Pese a que no comprende sus costumbres religiosas y no es aprobada por el dueño de casa, establece una relación tal con el niño de cinco años, que logra que rompa su mutismo y comience a hablar.

La tensión con esa familia, sumada a los problemas con un portero antisemita, terminan con el despido de la muchacha.

Esa crisis hará que la joven se cuestione sus valores y comprenda mejor a sus padres. Apreciará las tortas de su madre y ayudará a su padre a cavar.

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