Cinco películas estrenan hoy en Montevideo

Estreno de "La última puerta"; el regreso de Roman Polanski

Raúl Forlán Lamarque

Prácticamente toda la obra de Roman Polanski está subrayada por el tono fantástico y por la gestación de atmósferas inquietantes que colindan lo sobrenatural. Fíjese a la Mía Farrow de El bebé de Rosemary en una versión espasmódica de la novela de Ira Levin o en terror frío de El inquilino e, incluso, en esa parodia colosal que viene a ser La danza de los vampiros, sin excluir ejercicios al límite como Repulsión.

Polanski es el resultado de sus obsesiones últimas. Obsesiones que logra traducir como pocos. Un artista mayor con infancia terrible en su Cracovia natal durante la ocupación nazi y que le marcó de por vida: tal vez esa estación de vida, esa experiencia de frontera, con el horror golpeándole el rostro determinó factiblemente cuáles serían sus tópicos a la hora de relatar historias en el celuloide.

Lo cierto es que, pese a ese gran traspié que supuso Piratas, el cineasta ha conseguido una reputación prestigiosa por la solvencia superior de sus opus cinematográficos. Y esto es válido, si lo será, cuando Polanski decidió explorar el territorio de los afectos con ese espléndido ensayo amoroso que viene a ser Tess (con Natassja Kinski) o el del filme noir con esa obra maestra, Chinatown, que sin pretenderlo revivió en la piel de Jack Nicholson al mejor Philip Marlowe de la historia del cine.

Durante su estación europea, luego de un escándalo que le valió la salida urgente de los Estados Unidos, Román Polanski volvió por sus pasos: un thriller de impronta hitchcockniana en el caso de Búsqueda frenética; un terrible ensayo acerca de la manipulación y los bajos fondos de la sexualidad en Perversa luna de hiel; el clima de sofocación y encierro, pero en esta oportunidad afiliado a las resacas que dejaron las dictaduras latinoamericanas en La muerte y la doncella, basándose en el texto del poeta y dramaturgo chileno Ariel Dorfman. Una trayectoria ejemplar, sin dudas.

Ahora Polanski decidió la adaptación de la novela del español Arturo Pérez Reverte, El Club Dumas.

El resultado es La última puerta con la intervención de Johnny Depp, Emmanuelle Seigner, Frank Langella y Lena Olin y en donde la anécdota se va desarrollando a partir de la búsqueda de unos libros que tienen que ver nada menos que con rituales satánicos.

El personaje de Depp, Dean Corso, se ve tentado por el personaje que encarna Frank Langella (uno de los tantos actores que interpretó al Conde Drácula) a encontrar dos de los libros que faltan (ya compró uno de ellos) y de ese modo inicia un itinerario que lo lleva de Nueva York a Toledo y de Portugal a París: en ese periplo o descenso a los infiernos Depp, en su búsqueda, se topará con ramalazos de violencia y de muerte, personajes altamente turbadores, todo embalado en una métrica de intriga que dejará sin aliento a los espectadores.

La última puerta es un Polanski auténtico: el viejo pirata sabe cómo hacerlo, cuestiones del talento y la inspiración que nunca lo abandonaron, ni siquiera en sus peores momentos. Merece verse.

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