LILIANA HERRERO HOY Y MAÑANA EN CLUB DE JAZZ MEDIO Y MEDIO

"El arte es un trato con el abismo"

Liliana Herrero nació en Villaguay, Entre Ríos, y desde temprana edad se vinculó a la música. Más concretamente en la Rosario de Litto Nebbia, Francisco y Elvio Gandolfo, Juan Carlos Baglietto, Fito Páez, Alberto Olmedo o Roberto Fontanarrosa. Su disco «Confusión del viento», que presentará hoy y mañana en el Club de Jazz Medio y Medio ubicado en la Rinconada de Solanas a las 22.30 horas es un ejemplo de exquisitez. Por allí la Herrero arriesga versiones diferentes de clásicos de Atahualpa, Chabuca Granda, Violeta Parra, Falú-Dávalos, nuestro Eduardo Mateo (impecable abordaje de «Esa tristeza») con una gestión y una ejecutividad impresionantes. El domingo, finalmente, actuará junto a Juan Falú con quien hizo el disco «Leguizamón-Castilla», un tributo de alta emotividad. He aquí, a manera de monólogo, sus reflexiones agudísimas e intensas alrededor de la cultura y de la música popular.

MERCADOS.- «Yo trabajo en forma independiente, y realmente me regocija porque uno puede hacer lo que le plazca. En la obra está lo que una quiso fundar. Después está el tema del mercado. Hay quienes siguen sus reglas y otros que no. Yo tampoco me considero una de las cantantes que esté fuera del mercado. Lo que digo es que este mercado que pisa fuerte, parafraseando a León Goeco, que maneja mucho dinero y requiere una distribución y una difusión muy alta, tiene costos a veces peligrosos a nivel artístico»,

DENSIDAD HISTORICA.- «Está la música prefabricada, banal, un circuito comercial muy direccionado. Pero también existe otra ruta con otro público que espera otro tipo de propuestas con novedades y que está dispuesto a emocionarse, que nunca espera más de lo mismo, que está dispuesto a asombrarse. Y que, por otro lado, reconoce cierta historia de la música., digamos. Porque si vos tocás un acorde alterado y ya lo tocó Bill Evans, lo reconoce. Y si se lo robaste a Bill Evans, fenómeno. Pero no es lo mismo sufrir la influencia de Evans que la de otro pianista digamos menor. No es lo mismo que haya cantado Elis Regina a que no haya cantado. No es lo mismo que haya editado discos Joni Mitchell a que no los haya precisamente editado. No es lo mismo que Leda Valladares haya recogido todas las coplas del noroeste argentino con la voz en cuello, cantando a capella, que no lo haya hecho. Eso se llama densidad histórica y debemos respetarla, porque son señales profundas de identidad. No es lo mismo que Tori Amos que haga unos acordes deformes a que haga cosas tontas. No es lo mismo. Por lo tanto, yo me recuesto ahí porque hay una búsqueda y que le podemos llamar. sí, obra artística.

ARTE.- «Hay un riesgo, un trato con el abismo. Porque el arte es un trato con el abismo.. Con algo que te saca del piso cómodo y que te pone en un estado de enorme goce y de enorme audacia, aunque hay que tener el freno de mano para no caerse. Y entonces ocurre hay cosas que una las volvería a hacer de la misma manera y, otras, bueno, ah, habría que reconsiderarlas severamente o no haberlas hecho nunca. Hay que estar siempre alerta a lo que uno hace. Schonberg tenía una frase fantástica: La historia de la música es una sucesión de fracasos ejemplares. Es genial la frase. Hay cosas que las haría distinto y otras las dejaría de lado, nunca más».

FRACASO Y EXITO.- «No le temo a la idea de fracaso. Esta es mi obra, esto es lo que pude percibir y lo que pude hacer. Porque fijate que, por otro lado, el éxito es muy complejo de manejar. Y en ese contexto, manejo el éxito con mucho cuidado. Y con las personas que se me acercan sigo siendo más cuidadosa aun. Y yo me quedo con ellos después de un concierto y hago un esfuerzo grande porque no deja de ser gratificante. Te estás agradeciendo y hay que ser agradecido con esas manifestaciones y siempre escucho atentamente. El contacto con la gente es muy emocionante y a la vez inusitado».

DUDAR.- «Tribus hay en todos lados. No solamente los tangueros son los propietarios de la cosa. También están los roqueros, la gente que trabaja la fusión. Yo creo que hay que sostener los géneros y después elegir el lugar que corresponde a tu sensibilidad. Después está el tema de las relaciones, los préstamos con el resto de los géneros. De ahí surge el estilo, digamos. Puede también no surgir nada. A veces uno se pregunta: ¿no estaré haciendo porquerías? Es bueno siempre tener el beneficio de la duda para seguir, digamos, fortaleciéndote y al mismo tiempo practicar la autocrítica».

EL RIESGO.- «El riesgo que he tomado previo a los conciertos o a la hechura de los discos, ahora lo pongo ahí arriba del escenario. Y si hay un error, me río. O meter una nota que de repente se me ocurrió ahí, esto es, que se perciba la cocina de la búsqueda. No es que vaya a improvisar todo el tiempo, pero me gusta trabajarlo frente al público: buscar en ese preciso instante.»

MODELOS.- «Los modelos son muchos y de diverso género: Atahualpa Yupanqui, el dúo Salteño, Mercedes Sosa, el Cuchi Leguizamón, Eduardo Lagos, Los Trovadores. Descubrí que había otras cosas que las que estaba experimentando en mis inicios. Toda esa gente me puso inquieta. Y me dijo al oído que había más y más para buscar. Así que en los ochenta voy a indagar en el folclore. Es decir en el mismo género de estas personas que yo admiraba y lo primero que hice fue salir de ahí. Es lo que hice porque ya lo habían hecho ellos. Después está el rock (sobre todo Spinetta, Charly García, también Páez) y el jazz, y curiosamente no así el tango porque llegué muy tarde al género». *

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