"Soy de las que piensan para adelante"
Julia Roberts siempre está en foco. Ya sea por sus filmes o por esa mecánica del jet-set que la está exponiendo todo el tiempo. Pero sabe poner sus frenos y se concentra en su labor de actriz. No es para menos: cobra 25 millones de dólares por filme producto de su celebridad y de audiencias que la idolatran. Es la perpetua mujer bonita con una sonrisa encantadora.
No obstante, el nombre de la protagonista de La sonrisa de Mona Lisa, largometraje del excelente ensayista de conductas que viene a ser Mike Newell (Cuatro bodas y un funeral) que se estrenará a partir de mañana en nuestro país, sigue creciendo en popularidad. Es el rostro eterno de Mujer bonita y su sonrisa suele ser encantadora y especialmente ganchera.
La actriz, que se llevó un Oscar por su performance en el filme Erin Brockovich, de Steven Soderbergh, es toda una estrella cuyo cachet ha llegado a la astronómica cifra de 25 millones de dólares por filme rodado. Demasiado, sí. Pero así es Hollywood en su relación con el éxito y los personajes exitosos y taquilleros: mimarlos en demasía.
En su nuevo largometraje, Julia Roberts adopta el rol de Katherine Weston, una idealista profesora de historia del arte en los años cincuenta que está muy comprometida con el naciente movimiento feminista.
Pero el colegio de mujeres al que llega a enseñar, el Wellesley College uno de los más conservadores de la época y actualmente muy prestigioso , en Massachusetts, no está preparado para la influencia que tiene sobre las jóvenes estudiantes. Kirsten Dunst, Julia Stiles, Maggie Gyllenhaal y Ginnifer Goodwin son las partenaires de la Roberts, como sus atentas alumnas en este título que ha sido catalogado por muchos como la versión femenina de La sociedad de los poetas muertos, aquel tan debatido filme del australiano Peter Weir que, por otra parte, catapultó a actores jóvenes como Ethan Hawke, entre otros.
Julia Roberts, antes de ser la actriz por la que todo hombre suspira, quiso ser maestra, y admite entonces: «La señora Gutham, que nos enseñaba literatura inglesa en el colegio, nos hizo leer los Cuentos de Canterbury. Yo tenía en esa época unos trece años y recuerdo la manera tan especial que ella tenía de hacer las cosas. Yo era indiferente en el colegio y eran cosas como ésas la que lo hacían más interesante. De otra manera era una experiencia dolorosa; era muy aburrido, todos enseñaban adormecidos y aprendían adormecidos. Por otra parte, mi madre era una profesora maravillosa, enseñaba a dibujar. Y sí alguna vez tuve el impulso de seguir la carrera docente».
Por lo tanto, Julia Roberts, como ocurre con todo individuo en la adolescencia, tuvo que optar y para su felicidad terminó siendo actriz: «Sí, estoy contenta con la elección de ser actriz cinematográfica, mi madre lo puede confirmar. Lo que me gusta es contar una historia, enfrentar el reto de interpretarla con autenticidad, imaginar el ambiente e intentar pintarlo de la mejor manera posible y que sea interesante para otra gente».
La actriz de La mexicana, en la que trabajó junto a Brad Pitt, confiesa que trabaja mucho en la elaboración de sus personajes: «Siento que sí, de alguna vaga manera. Pero escucho sobre todos esos actores que se toman tanto tiempo en preparar sus papeles, en investigar todo lo relacionado con sus personajes, toman tantas notas, y me parece muy fascinante. No entiendo qué es todo eso que escriben, me siento como que debería estar haciendo algo parecido yo también, pero no es como trabajo, no es mi método aunque trabajo bastante con cada personaje que acepto».
Su personaje Katherine Watson, el que compone para La sonrisa de Mona Lisa, fue toda una transgresora. La Roberts dice no tener puntos de contacto con ella: «La verdad que no. No entiendo muy bien esa palabra. Me parece anticuada, se puede aplicar tanto a un chico de doce años como a alguien que realmente rompe moldes. Creo que trato de ser progresista, no sé si eso es ser rebelde. Soy de las que piensan para adelante».
Y en ese contexto, la protagonista de La novia fugitiva, subraya: «He logrado hacerme un espacio y en eso soy muy afortunada. Puedo vivir hoy sin las limitaciones laborales contra las que las mujeres de los años cincuenta tuvieron que luchar. Soy un producto de lujo, resultado de las libertades alcanzadas por otras mujeres antes que yo, y no siento muchas limitaciones en esta industria en la que constantemente se ha discriminado a las mujeres. He tenido mucha suerte».
De su pasado no extraña absolutamente nada ni tampoco se arrepiente de nada: «Además, mi trabajo sigue siendo tan emocionante para mí como el primer día. No me he aburrido de esto ni un poco. Cuando voy a trabajar lo hago con toda la energía y doy lo máximo porque es algo que me encanta hacer. Cuando me dan un papel en una película todavía siento algo especial; no digo que lloro de emoción o que me pongo histérica, pero soy feliz con la vida que tengo».
Pero, en sus reflexiones, la Roberts se ataja, coloca un freno cuando la gente piensa que lo ha alcanzado absolutamente todo: «Claro que no lo tengo todo. Creo que si uno es afortunado, tiene oportunidades de crear el ambiente que lo rodea y en el que se desenvuelve. He sido muy afortunada con respecto a las oportunidades que se me han presentado y el trabajo que tengo. En muchos aspectos soy una de las pocas personas en Hollywood que tienen la oportunidad de escoger, y gracias a eso tengo una vida que, tanto personal como profesionalmente, me tiene satisfecha y feliz. Pero con el tiempo van cambiando las prioridades que uno tiene y se comienza a buscar cosas diferentes. Así que creo que la diversión está más en la búsqueda de aquello que uno cree que lo satisfará que en obtenerlo. Nuestras vidas se expanden de formas diferentes».
Y, por si las moscas, agrega en forma contundente: «Creo que estoy muy lejos de ser un modelo por seguir, por lo tanto, no me siento responsable. Siento que es más importante preocuparte por las relaciones personales que tienes con las personas con las que trabajas directamente que por una idea general que las personas pueden tener sobre ti». *
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