El rock, de Blink 182 a La Renga
Las banda argentina La Renga desde hace tiempo que forma parte del ideario popular rockero de su país y del nuestro. Con una política alejada de la exposición mediática y de las imposiciones de la industria musical, esta gente de Mataderos ha sabido consolidar su historia -y su propuesta- por medio de algo que no sobra en el mundo de hoy: la honestidad.
Ese elemento se observa en que jamás han pretendido hacer algo que no les guste o no sientan, y la edición independiente de su último disco, Detonador de sueños, es prueba de ello.
Este octavo disco del grupo es por definición, un disco de rock básico, árido, fuerte y muy bien tocado, una suerte de deuda a saldar con sus padres musicales, es decir, Manal o Pappo (en su versión mas dura), dentro de los referentes nacionales, o el propio Neil Young, ese prócer de la electricidad que también es reconocido como espejo. Claro que a algunos puristas de tímpano sensible no le va a gustar.
En lo musical, el trío conformado por el guitarrista y cantante «Chizzo» Nápoli, el bajista «Tete» Iglesias y el baterista «Tanque» Iglesias, a quienes se suman «los desconocidos de siempre», parece haber tomado algunas de las enseñanzas que les dejara Ricardo Mollo, quien como productor de los discos anteriores había moldeado la furia descontrolada de la banda, al tiempo que sacaba provecho de sus limitaciones.
Grabado en vivo dentro de la sala de ensayo, el sonido sorprende por su calidad, haciendo que canciones como «La razón que te demora», «A tu lado» o «El rastro de la conciencia suenen como latigazos de energía. Se podrá estar de acuerdo en cuanto a que esta banda y este disco no cambiarán ni un milímetro la historia de la música, está claro, pero también es obvio que el rock más salvaje, cuando está bien tocado, puede ser elemento de evolución.
Convengamos en que una banda que se pase cinco discos refiriéndose a la masturbación como mayor logro de la civilización occidental no merece, a priori, demasiada importancia. Es el caso de los californianos Blink 182, vagón de cola de la oleada pop-punk que inauguraron otros exponentes más serios como Green Day o The Offspring.
Esta banda es hija legítima de la voracidad industrial, esa que clona en forma permanente cualquier invento que de dinero y ahora, que parece que esta gente creció y «maduraron», ha sacado de la línea de montaje porquerías como Sum 41 u otros adolescentes por el estilo. La fábrica MTV agradecida, por supuesto.
Lo cierto es que el nuevo disco de estos nenes ya crecidos muestra una sorprendente evolución, con una estructura arreglística que no estaba en los planes de nadie, además de abordar una multiplicidad de estilos, abandonando la propuesta simplona y hasta tonta de antes. Lo que más llama la atención es la participación del padre de toda esa generación, Robert Smith, líder de The Cure, en la canción «All of this». Es en sí mismo un acontecimiento dentro de otro, un personaje clave en el entramado histórico del rock, formando parte del disco clave en la carrera de una banda que hasta hace meses no valía ni medio dólar. *
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