Prohibido para nostálgicos

La coqueta Capurro

Ya el bisiesto pisa fuerte. Marchó la primera quincena de enero y calentitos los panchos con los peajes, la carne por Marte y las flautas con potasio para envenenarte despacito. «La calor está sofocante», dicen las doñas y buscan el viento del Sur entre las rocas de la playita del Gas. La memoria medio achicharrada, por ser tan jovata, se zambulle en la perdida frescura de sus días del viejo Montevideo. Cuando todos hacían pinta en la coqueta Capurro. Los vecinos de Bella Vista y El Prado con gestos cancheros por su condición de locatarios. Por fines de la década del 20 la playa Capurro fue muy popular. Los caballeros con unos pantalones hasta las rodillas y la obligatoria camiseta porque estaba prohibido mostrar el pecho y sus impúdicos vellos. Los muchachos rana lucían trajes de baño de una sola pieza que los cubrían arriba y abajo. Juntaban unos vintenes y se largaban al London donde en sus vitrinas estaban los maniquíes con esas prendas y un cartelito que decía: «Furor en la Europa». No les faltaba el rancho de paja que para ser más pintún tenía una cinta colorada o celeste, según el palo partidario del caballero. Se acomodaban los bigotes de puntas para arriba y relojeaban a las bellas, todas juntas en el otro lado. Ellas se cubrían con trajes hasta los tobillos y el asunto era no marcar ninguna curva porque eso, según la abuela, sólo lo hacían las mujeres de la calle Yerbal. A todo ese recato había que bancarse que muchas damas iban y venían de la carpa a la orilla en unos carritos que tiraban unos pibes. Todo para evitar que al estar mojadas se vieran las pecaminosas curvas marcadas sobre la empapada tela. Al oír estas historias, las gurisas de ahora se asombran y piensan que el viejo escribidor es tremendo exagerado. Y eso que ni les contamos de la famosa división de la playa en dos zonas. En un lado las mujeres haciendo girar las sombrillitas de mano y cuchicheando bajito porque era de mal gusto que una dama alzara la voz en público. Formaban grupos donde una tía veterana vigilaba y sudaba la gota gorda porque estaba vestida como para ir a misa. En la zona del sexo fuerte, los «valentinos» hacían gimnasia y como ahí estaba permitido el deporte se organizaban brutos picaditos. En la playita Capurro estaba la chata del club «El Moscón» donde se festejaban despedidas de soltero con la vitrola que se escuchaba hasta en la orilla. Otro emblema fué «El Tabatinga», un barco abandonado en la costa donde los pibes jugaban a los piratas como en la matiné. Trilando la arena los tanos vendedores de cremitas heladas.

Postales del viejo siglo en la coqueta playita Capurro. Con más recuerdos y música los esperamos todos los sábados, a las 18.30, en 1410 AM LIBRE. *

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