LA INFLUENCIA DEL PENSAMIENTO DE NORBERTO BOBBIO

La hondura de un animal utópico

Más allá del doloroso sentimiento que nos agobia, y de la irritación por la malintencionada retórica con la que algunos se han permitido –especialmente en Italia– manipular la figura del Maestro, me limitaré a realizar, en extrema síntesis, algunas consideraciones sobre las relaciones de Norberto Bobbio con América Latina.

Curiosamente, ellas comienzan en la Argentina, en Tucumán, en cuya universidad, a fines de los años 30, el insigne jurista Luis Jiménez de Asúa dictó una conferencia analizando el ensayo Analogía nella lógica del Diritto, que el joven Bobbio había escrito durante los años de su permanencia en la antigua Universidad de Camerino, donde en 1935 había comenzado su carrera de profesor a los 26 años. Y será un jurista argentino, Carlos Cossio, el primer autor de lengua española que Bobbio reseñará en la Revista Internazionale di Filosofía del Distritto (Números 4-5, 1940), escribiendo sobre «La plenitud del orden jurídico y la interpretación judicial de la ley» (Buenos Aires, 1939).

Los posteriores vínculos de Bobbio con los juristas, filósofos y politólogos argentinos han sido muy intensos, así como lo ha sido su influencia en autores tan diferentes como: Genaro R. Carrió, Ernesto Garzón Valdés, Carlos Santiago Nino, Antonio Martino, Eduardo Rabossi, Miguel Angel Ciuro Caldani, Francisco Delich, Jorge Dotti y Carlos Strasser. Por otros canales, la influencia de Bobbio se ha extendido a penalistas como David Baigún y Eugenio Raúl Zaffaroni, y también a través de las elaboraciones contenidas en la obra Derecho y Razón de Luigi Ferrajoli (prolongada por Bobbio mismo), jurista que desde los años setenta se ha desempeñado en la cátedra de Filosofía del Derecho que había pertenecido a Bobbio en la universidad de Camerino, en Italia.

En 1963 Bobbio realiza su primer viaje a América –a México–, dando inicio a su amistad con Eduardo García Máynez y Alejandro Rossi, y posteriormente con Leopoldo Zea y José Fernández Santillán.

Con el posterior advenimiento de las dictaduras latinoamericanas, la represión y el aislamiento cultural impuesto por los militares, la obra de Bobbio es relegada, e inclusive censurada.

Son los años en los cuales algunos latinoamericanos lo conocerán sí, pero estudiándolo en Italia, durante los obligados exilios.

Al caer las dictaduras, durante el período de las transiciones democráticas, se realizan los fundamentales viajes de Bobbio a Brasil, Argentina y Chile, donde se establecen intensos lazos –no sólo académicos– con las elites dirigentes de la nuevas e incipientes democracias en Sudamérica. en 1986, la Universidad de Buenos Aires le otorgó el doctorado honoris causa.

Hoy lo podemos afirmar con el respaldo del evidente respeto intelectual que ha suscitado su desaparición: en América latina fue estudiado por muchos, y en tantos otros ha sido relevante su influjo.

Pienso, para evocar sólo a los que recuerdo, en Agustín Squella Narducci, Miguel Reale, Eduardo Rozo Acuña, Celso Lafer, Jorge Arrate, Rogelio Pérez Perdomo, José Antonio Viera – Gallo, Teodoro Petkoff, Roque Carrión, Carlos Henrique Cardim, Astério Campos Tercio Sampaio Ferraz Jr., Corina Yturbe, Oscar Godoy, José Joaquín Brunner, Angel Flisfisch, Aldo Topasio Ferretti, César Cansino.

Nuevo escenario

Puedo atestiguar que Bobbio siguió siempre, con generosa y preocupada atención (gracias también a los permanentes contactos latinoamericanos de su amigo Michelángelo Bovero), las cuestiones culturales y políticas referidas a América latina y España.

No deja de ser significativo el hecho de que uno de los últimos colegas que recibió en su casa de Vía Sacchi 66 en Turín, haya sido el jurista brasileño, mi amigo Lafer, a comienzos de diciembre pasado. Bobbio estaba bien informado acerca de la nueva y alentadora coyuntura política que atraviesan Brasil y Argentina.

EL «viraje hacia la izquierda» fundando en la aplicación de las reformas y en las tomas de posición político-institucionales promovidas por los presidentes Lula da Silva y Néstor Kirchner, han abierto imprevisibles e insospechados espacios culturales para el conocimiento y la discusión de la obra de Bobbio; de manera muy especial, del Bobbio teórico de la política y legislador (no hay que olvidar que desde 1984 era senador vitalicio de la República Italiana, nombrado por el Presidente socialista Sandro Pertini) y del Bobbio filósofo de la política.

Todos esperamos que pronto pueda circular en Argentina su esencial e imprescindible Teoría General de la Política, anotada e introducida por su discípulo y continuador en la cátedra de Filosofía Política de la Universidad de Turín, Bovero.

En esta promisoria temporada de retorno a la política y al debate crítico sobre las coaliciones de centro izquierda, se replantea, con mayor claridad y vigor, la actualidad del pensamiento de Bobbio en Argentina y en América latina en general.

Pensamiento cuya importancia ya había sido percibida y auspiciada por la creadora medición cultural de los denominados «gramscianos argentinos», comenzando por la reflexión de quien fuera el mayor conocedor argentino de la cultura política italiana, José Aricó, y de sus compañeros del Club de Cultura Socialista: Juan Carlos Portantiero, Oscar del Barco, Héctor Schmucler, Emilio de Ipola, Jorge Tula, Edgardo Mocca.

Y es que, en suma, quizá el aporte mayor de Bobbio a la teoría política de las izquierdas reformistas en Occidente (europeo y latinoamericano) ha sido el de plantear en términos institucionales la necesaria conjunción e indivisibilidad entre democracia y socialismo; y ello en contra de tantas experiencias negativas de los «comunismos reales» –europeos y asiáticos– o de los populismos más o menos militares, que han bastardeado los objetivos de la igualdad social, pisoteando y negando los derechos fundamentales de los individuos (y a la postre de los pueblos mismos). No puede haber libertad sin justicia social, ni justicia social sin libertad, nos seguirá recordando Bobbio, el viejo antifascista del Partido de Acción, el partido más original de la Resistencia Italiana.

Pensado e interpretado desde la Argentina de estos meses, el magisterio militante, el rigor crítico, la intransigencia tolerante del filósofo del «socialismo liberal», se vuelven factores cruciales y determinantes para las tan necesarias elaboraciones de una cultura reformista y progresista, capaz de restituirle toda su creadora dignidad a la relación bobbiana entre «política y cultura».

Y para evitar L’utopía capovolta (para emplear otro concepto con el cual Bobbio tituló uno de sus últimos libros); es decir, impedir que la utopía socialista termine negándose a sí misma. *

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