"Un casamiento inolvidable": de amores y sombras
El filme que se estrena hoy, Un casamiento inolvidable, fue dirigido por el inquieto cineasta Alessandro D’Alatri, viene precedida de elogiosos comentarios de la crítica especializada, una mención especial en el Festival de Montreal y cinco nominaciones al prestigioso premio David de Donatello. En medio de tantas propuestas de liviano pasatiempo que anegan nuestra cartelera cinematográfica, este título es – sin dudas – una de las propuestas más interesantes, por cuanto apunta a reflexionar acerca de los conflictos humanos de los cuales nadie está exento.
La anécdota describe el proceso de consolidación y deterioro de una pareja, que como tantas otras se enamora, se casa, inicia una vida en común y hasta tiene un hijo. Tomasso (Fabio Volo) y Stefania (Stefania Rocca) deciden recorrer un camino compartido, para lo cual cumplen con todas las convenciones del sistema.
Sin embargo, muchas de los sueños y aspiraciones que se plantearon antes de contraer enlace, inician un paulatino derrumbe. El paraíso que ambos habían imaginado se esfuma casi totalmente y sólo quedan los problemas, que no pueden soslayar.
La convivencia se torna casi insostenible, cuando varios factores exógenos comienzan a afectar la inicialmente idílica relación: frustraciones laborales, dificultades económicas y hasta un inesperado aislamiento. Cuando los desencuentros se sitúan dentro del escenario de la propia cotidianidad, la afectividad comienza a desgarrarse dramáticamente. Obviamente, el riesgo parece ser una fractura inminente. Con lenguaje por momentos despiadadamente realista, D’Alatri, que compartió la escritura del guión junto a Anna Pavignano, propone la exploración de los territorios íntimos de una familia abatida por la frustración. Asumiendo que la vida es una comedia humana, el filme plantea los agudos contrastes entre los deseos y las aspiraciones individuales y los riesgos emergentes de la vida en sociedad.No resulta ciertamente inverosímil afirmar que esta película encuentra sus raíces en la milenaria tragedia griega, que solía retratar la naturaleza humana, con sus grandezas, sus flaquezas y sus miserias.
La historia plantea una doble lectura de la realidad, que es percibida simultáneamente desde el ángulo de los protagonistas y bajo la lupa de quienes se limitan meramente a observar lo que está sucediendo.
El filme, que puede ser definido como una comedia costumbrista porque examina conductas individuales y colectivas, indaga en los tres niveles iconográficos del amor: cómo se imagina, cómo es representado y cómo se supone que va a evolucionar.
El autor parece sugerir que el amor es una encrucijada, que en su período de mayor intensidad condena a sus protagonistas a una suerte de exilio respecto a la sociedad. El relato trabaja la ironía y hasta el humor como recursos expresivos privilegiados, para describir situaciones que ciertamente no tienen nada de inverosímiles. Sin embargo, observadas por el espectador, parecen rayanas en lo absurdo.
El filme está ambientado en Milán, circunstancia que naturalmente no es casual. Esta ciudad, por sus particularidades características y su ritmo vertiginoso, es la urbe italiana que ejerce una mayor presión psicológica y social sobre los comportamientos humanos.
Un casamiento inolvidable, que a partir de hoy se instalará en las pantallas capitalinas, propone una aguda reflexión acerca de las relaciones de pareja, los conflictos cotidianos y la fragilidad de los sentimientos sometidos a situaciones complejas.
Una de las mayores virtudes del filme es retratar a través del universo íntimo y microcósmico de la pareja la crisis existencial de una sociedad moderna en obsesiva búsqueda de su perdida identidad, en un mundo cada vez más globalizado, opresivo, desolado y de valores despiadadamente subvertidos. *
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