Camino a casa en Cinemateca 18
Ha sido considerado uno de los reales descubrimientos del cine del Sudeste de Asia de los últimos años, y otra confirmación de que hay cosas más que atendibles en la producción coreana. Y es también una película que ha podido ser descrita como «terriblemente dulce», sin que el término implique un dejo peyorativo, sino el cabal reconocimiento de una actitud afectuosa y comprensiva hacia los personajes y sus problemas.
Lo que cuenta el filme es la odisea de un niño de siete años nacido en Seúl, la capital de Corea del Sur, que es enviado por su madre a vivir con la abuela en un remoto distrito rural y montañoso.
Con su Game Boy y otros queridos juguetes, el chico se ve confrontado por primera vez en su vida con formas de existencia arcaicas a las que no termina de adaptarse.
Para la abuela, sordomuda y aferrada a ciertos valores tradicionales, tampoco es fácil establecer contacto con el chico, comprender sus comportamientos y sus inquietudes, y tratar de corregirlo.
En un estilo tranquilo y contemplativo, que ha recordado a algunos observadores el de la elogiada Kikujiro (1999) del japonés Takeshi Kitano, la directora y libretista Jeong-hyang Lee proporciona un retrato a veces divertido, a veces triste, siempre afectuoso y al mismo tiempo bastante controlado, sin excesivos énfasis de emotividad, de unos personajes y su entorno.
Incluso se permite alguna transgresión con respecto a la tradición de «película de aprendizaje» digamos. Sin embargo, no hay un real aprendizaje en el personaje infantil, que al terminar el filme está más o menos en la misma situación que al comienzo.
Si hay una celebración en el filme, tiene más bien que ver con la paciencia, el empeño y la seguridad en sí misma de la abuela, que constituye la entidad humana más interesante del filme. *
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