Un uruguayo que ayudó a parar la olla
En su tercer año de edición, se vende a 1,50 pesos argentinos (unos 15 pesos uruguayos), de los cuales, como dice en la tapa, 1,20 «son para el vendedor».
Con un estricto código de conducta para los vendedores callejeros, la revista se ha convertido en bastión de los desesperados, que, al venderla, consiguen algo con que pagarse la comida. También constituye una forma de solidaridad concreta, en tanto los tan engañados y descreídos vecinos encuentran una fórmula hasta ahora inobjetable de paliar la miseria de quienes menos tienen.
Convertidos en «canillitas» del siglo XXI, los vendedores de Hecho en Bs. As. encuentran en sus páginas, más que un atractivo, un aliciente para poder seguir viviendo. Hechos y personajes que allí aparecen constituyen a su vez información acabada de una realidad atroz, de una esperanza dura: de alguna forma, aparecer en sus páginas constituye el reconocimiento de los más desposeídos hacia las personalidades que hacen tanto su esperanza como su dolor. Ser tapa de esta revista es convertirse en ícono de los que nada tienen, pero que no están dispuestos a bajar los brazos.
Contraseña: Jaime Roos
Las tres palabras, en letras amarillas, constituyen todo el título de tapa, sobre la cara de sonrisa burlona, en sepia, de este maestro de la música nacional. Es la primera vez que, en la revista, un uruguayo recibe un reconocimiento de tapa entera. «Contraseña: Jaime Roos» es el título de tapa para cuatro páginas de reportaje central, bajo otro título aun más críptico: «Mozo, una lapicera por favor».
Allí el colega José Esse, calificando a Roos como «el músico de todas las orillas», apunta desde el epígrafe que «su genialidad le ganó la partida y hoy es el referente más genuino de la música rioplatense».
La crónica que precede a las quince preguntas del reportaje lo considera «el cantante más popular de Uruguay y figura clave de la música rioplatense. Supo encontrar el eslabón perdido entre el rock, el candombe y la murga, y terminó inventando un nuevo estilo, que influenció a Los Piojos, Bersuit Vergarabat y Jorge Drexler, entre otros».
Repasa la gira de Roos por Argentina, en la presentación de «Contraseña», apuntando que llenó dos veces el Luna Park, con éxito total en La Plata, Córdoba, Neuquén, Bahía Blanca, Bariloche, Rosario y Santa Rosa.
Durante el reportaje, Jaime expone aspectos de su vida y obra que pueden resultar reiterativos para los uruguayos que lo conocen, al tiempo que recuerda otros vinculados a su relación con la Argentina, bastante menos conocidos públicamente.
Destaca el recuadro el día que Jaime conoció a Jorge Luis Borges, del que recuerda lo recibió «con una gentileza asombrosa. Tuve el privilegio inolvidable de verlo trabajar mientras traducía su propio libro».
También ironiza sobre aspectos de la globalización en que nos vemos inmersos. «Imaginate que vas a un congreso gastronómico y te piden que demuestres lo que sabés cocinar, y vos hacés una Big-Mac. Te van a mirar y te van a preguntar ‘¿Y?’. En cambio si hacés un buen plato de tu tierra, te van a preguntar cómo se hace. Eso sucede con la pérdida de la identidad que sufre el mundo».
Al ser consultado sobre sus cinco discos preferidos, Jaime no apunta a ningún argentino. Pero al planteársele igual cantidad de «discografía rioplatense básica», la encabeza con dos argentinos (Piazzolla y Roberto Goyeneche), seguidos por Mateo, Opa, y concluyendo con uno que jamás existió: «Podríamos armar uno que sea la mitad de Atahualpa Yupanqui y la otra mitad de Alfredo Zitarrosa». El reportaje, aunque bueno, difícilmente entre en la antología de las entrevistas. Pero sin dudas debe enorgullecer a Roos, y a los uruguayos por reflejo: Jaime fue, por una edición, el atractivo principal de la publicación que emplea hoy más de mil argentinos, como último medio de supervivencia válido antes del abismo. *
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