Un poeta de palabras mayores
El brillante poeta Eduardo Milán, parte de cuya poesía aparece ahora reunida en una antología, es uno de esos escritores marcados por su propia biografía. Huérfano de madre desde que tenía año y medio, su padre fue condenado a veinticuatro años de prisión durante la dictadura uruguaya, aunque finalmente cumplió doce.
«Yo ya no podría perder más en Uruguay; ése es para mí el lugar del perder real», ha señalado en alguna ocasión Milán, quien al presentar en la Residencia de Estudiantes la antología que ha publicado el Círculo de Lectores-Galaxia Gutenberg, afirmaba que la dictadura militar que hubo entre 1973 y 1985 «fue absolutamente depredadora, y padecer ese contexto es algo que lleva permanentemente a intentar salvar la vida». Su decisión de escribir, sin duda, nace de ahí.
La experiencia de su padre en la cárcel de Libertad, acusado de pertenecer al Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros, influyó de manera decisiva en la obra de este formidable poeta de 51 años. «Ya no me fue posible escapar a la poesía», asegura en uno de los versos del libro Son de mi padre, del que se ofrecen varios poemas en la antología que ahora ve la luz, titulada Querencia, gracias y otros poemas.
Querencia, gracias es, precisamente, el título de su último poemario, que aparece por primera vez en esta edición, junto a una amplia selección de todos los libros publicados por Milán, excepto los dos primeros que publicó en Montevideo, porque el autor, residente en México desde 1979, prefirió que no se incluyan.
Aunque Nicanor Vélez, responsable de la selección y del prólogo, ha evitado la división de los poemas por libros, para poner de relieve «la continuidad y unidad que tiene la poesía de Milán», el lector encontrará muestras de obras como Nervadura o Errar, además de La vida mantis y Algo bello que nosotros conservamos, el muy experimental Circa y también Alegría, El nombre es otro, Dedicado a lo que queda, Razón de amor y acto de fe o de la ya mencionada Son de mi padre.
La mayoría de estos libros se ha publicado en España y en diversos países sudamericanos aunque, como dijo Nicanor Vélez durante la presentación de la antología, la obra de Milán «no se ha leído en este país con la atención que se merece», pese a ser un poeta «especial, único, sin igual en América Latina».
El propio Milán reconocía ante los medios de comunicación masivos que en España se lee más a otros poetas uruguayos, sobre todo a Mario Benedetti, «que tiene una capacidad de irradiación envidiable» y que ha entendido la poesía de manera diferente. Y agrega tajantemente el poeta nacido en Rivera: «Yo no tengo su facilidad de comunicación poética», admitió Milán tras contar que él mantiene una buena relación con una serie de poetas españoles, entre los que figuran Tomás Salvador, Andrés Sánchez Robayna u Olvido García Valdés, que intervino también en la presentación. El porqué unos poetas comunican mejor que otros con los lectores tiene siempre «algo de misterioso» para Eduardo Milán, quien, no obstante, asegura que ya no le tiene «miedo al lector».
En esa dirección, Milán alarga profundamente su meditación: «Creo que la cuestión no pasa por ser más o menos oscuro y defender una cierta zona especializada, inmaculada. Leer es un acto de manchar el texto, y como no creo en la pureza, me parece que la mancha es válida», dijo Milán.
En Querencia, gracias, su último y extenso poemario –ocupa doscientas de las 360 páginas del libro–, hay una serie de elementos que ya estaban presentes en obras anteriores, pero hay también «una búsqueda mayor de sentido, de pertenencia muy evidenciada siempre».
El autor juega a varios niveles con el significado de querencia y le da un sentido más amplio que el de la casa o terreno propio de uno. Querencia es también el lugar que cada uno encuentra en la escritura, aunque «no todo es escritura en este libro», afirmó Milán, cuya obra, dijo Olvido García Valdés, está atravesada por «una cierta nostalgia de un lugar imposible; su poesía explora la carencia y ahonda en ella». *
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