IMPORTANTISIMO ESTRENO DE LOS HERMANOS COEN

De amores, enredos y divorcios

Si la idea del matrimonio está siempre perturbada por el divorcio, la nueva realización de los hermanos Joel y Ethan Coen, El amor cuesta caro (Intolerable Cruelty), parece recostarse en ese escenario, pero con un giro que permite que el negocio del divorcio, toda una industria en los Estados Unidos, sea entonces el pulso de esta historia de cuño satírico, protagonizada por George Clooney y Catherine Zeta-Jones.

El amor cuesta caro despliega en toda su arquitectura visual y en su contenido el sello inconfundible de los Coen, en principio por su persistente inquietud de reescriturar los géneros hollywoodenses, una particulardad estilística que se inauguró con su sobresaliente ópera prima Simplemente sangre, donde reciclaban los modos del filme noir. hasta renovarlo. Lo hicieron en campo de la comedia con la regocijante Educando a Arizona. para luego dispararse hacia el cine dentro del cine y del rol del escritor en Hollywood en la maravillosa Barton Fink, y después volvieron al filme noir en la no menos estupenda De paseo a la muerte, en rigor un paseo poético por la literatura de Dashiell Hammett.

Y hasta retrabajaron el trhriller barnizado con un humor fuera de serie en Fargo, o regresaron a esa otra obra maestra  una comedia total y coral  de la estatura de Dónde estás hermano, todo un homenaje a la iconografía cultural y popular del sur profundo faulkenariano.

Intelectuales, lúdicos, recicladores de géneros: he ahí los hermanos Coen. Todo este procedimiento casi antropológico del cine reaparece en sus señas, de algún modo, en El amor cuesta caro, con George Clooney caracterizando al abogado Miles Massey, cuya espacialidad se afinca precisamente en los divorcios y, en forma despiadada, dedicarse sin prejuicio alguno a desplumar a su potencial clientela.

Pero el personaje de Clooney está saturado de arrogancia, glamour y suceso. Su confortabilidad lo está paralizando y, por cierto, está buscando nuevas sensaciones que lo exciten y le generen un espacio también para la diversión. El trabajo lo está sofocando. Hasta que la aparición explosiva de Marilyn Rexroth (Catherine Zeta-Jones) asoma como un disparador que le devuelve, de inmediato, sus más profundos principios de deseo.

Y no solamente porque Miles/Clooney sea un soltero con voracidades varias, especialmente bellezas femeninas, sino porque el amor, ese spotlight, le destierra el embole. Ahora está dispuesto a todo, hasta llegar a la idea del posible matrimonio. También porque reconoce en ella a un igual, un rival filosísimo dispuesto a cualquier gesto y gestión con tal de devorarse el botín de su pareja y, más tarde, hacer la suya sin despeinarse.

El guión posee diálogos punzantes y atractivos, como la que despliega el brillante Billy Bob Thornton, que viene a ser en la anécdota un tercero o un intruso. Pero también hay en el desarrollo de El amor cuesta caro personajes como el que interpreta Geoffrey Rush, un prototípico marido engañado, que aparece y desaparece del filme evidenciando las muchas manos (incluidas las del productor Brian Glazer) que intervinieron en el proyecto.

El diseño visual del filme es también más contenido de lo que suele ser habitual en los proyectos de estos siempre insolentes hermanitos Coen: aquí impera la sobriedad y el refinamiento. Y, por lo tanto, los actores (perfectos Clooney, Zeta-Jones y el gran Billy Bob), tienen el territorio libre para construir y desarrollar una historia impecable. Como la vida misma. *

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