Baión para un ojo sensible
Antes que nada, cuando la estética y la corriente del tropicalismo era, como diría afinadamente Caetano Veloso, apenas una palabra para definir una enfermedad tropical, y antes incluso de la revolución de la bossa nova, bajaba del nordeste brasileño un ritmo si se quiere entre tierno y sensual llamado baiao, que llegó a tener multitudes atrás de su estilo irresistible.
Su momento de apogeo fueron los años cuarenta y cincuenta y se centró, como toda la industria musical de esa época, en las estaciones de radio. El baiao, en rigor, formó a futuras figuras emblemáticas de la canción popular brasileña. Y su mayor icono fue el doctor Humberto Teixeira.
Actualmente, sesentones como Chico Buarque, Caetano, Gilberto Gil, Maria Bethania, Gal Costa, Raimundo Fagner y Elba Ramalho, entre otros, evocan los años de sus respectivas infancias cuando sus deseos de escuchar música popular les hacía estar por horas prendidos de las estaciones de radio y, en ese contexto, gozarse con las gloriosas canciones de la dupla de Humberto Teixeira y Luiz Gonzaga.
Teixeira se apoyaba en el acordeón de Gonzaga para hacer relucir sus letras cotidianas. Además de poeta, músico y abogado (de ahí lo de O doutor do baiao), su canción más famosa fue Assa branca, y es la que abre y cierra el disco con el que estos garotos de los 40 lo homenajean.
El álbum, lanzado aquí por Random, registra el concierto realizado en el teatro Rival de Rio de Janeiro en agosto de 2002, con el agregado de grabaciones en estudio de Bethania, Veloso, Buarque y Gal Costa. Para oídos exigentes, es una inexcusable tentación para escuchar a la generación que más penetración tuvo en nuestro país.
El disco estaría justificado solamente con la versión de «Kalu», por Buarque.
Pero también brillan las voces sufridas de Raimundo Fagner y Elba Ramalho en «Légua tirana» y Gilberto Gil en el envolvente y sensualísimo «No meu pé de Serra», un frevo, ritmo nordestino que se acerca al reggae jamaiquino y que Caetano Veloso ha retrabajado en varios momentos de su trayectoria, de Cajuína para acá. O doutor de baiao es un gran disco que, además de comprobar una vez más la natural capacidad que tienen los brasileños para ligarse en un proyecto colectivo sin conflictos artísticos ni de egos o vanidades siempre tan descartables porque generan obstrucciones y no es este el caso, sirve para determinar la evolución de la música popular brasileña a lo largo del siglo 20.
Una evolución siempre sorprendente: del viejo baión de eira a Moreno Veloso-Doménico-Kassim, pasando por los famosos y espléndidos OsTribalistas, la música brasileña alcanza niveles inconmensurables y claro que estimula y moviliza, convoca y envuelve, casi que hechiza, sí, como si tratase de una versión renovada del tropicalismo. *
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