Picasso y Sebastião Salgado en el museo
La noticia, comunicada por Consuelo Císcar, subsecretaria de Promoción Cultural de la Generalitat Valenciana, en reciente visita a Montevideo, significa prepararse para recibir dos notables acontecimientos culturales de la temporada, aunque no son los únicos.
100 grabados de Picasso
Además de dibujante, pintor, escultor, ceramista, escenógrafo, vestuarista e ilustrador, Pablo Picasso (1881-1973) fue el mayor grabador del siglo XX. En todos las técnicas y expresiones estéticas fue un innovador absoluto. Enseñó a ver y sentir, a estar en el mundo de otra manera. Dominó con su mirada los tres primeros cuartos del siglo pasado y aunque hubo otros genios (en particular Marcel Duchamp cuya influencia se actualiza cada vez más y crece hacia el futuro) ninguno tuvo la resonancia y la popularidad (no la comprensión) de Picasso.
Ambroise Vollard (1867-1939) fue uno de los mayores comerciantes de cuadros y genial editor de grabados y libros ilustrados. Hizo su fortuna, cuenta en su autobiografía, en su interés por los artistas de su época, los impresionistas, cuando todavía eran rechazados por el público. Acumuló obras de Van Gogh, Cézanne, Renoir, Bonnard, Matisse, Vuillard, Rodin, Maillol, Picasso que luego vendió a buen precio (Albert C. Barnes de Filadelfia fue su principal cliente). Adquirió de Picasso las planchas de la serie Los saltimbanquis y los editó en 1913, cuando el genial malagueño había dejado a los clásicos para convertirse, con Braque, en el inventor del cubismo, una tendencia que no le interesó a Vollard, pero sí a su no menos sagaz rival Henry Kahnweiler.
Vollard regresó a Picasso en los años veinte cuando su período neoclásico. Adquirió las planchas de cobre para ilustrar La obra maestra desconocida de Balzac que publicó en 1931 y, en el mismo año, le encomendó las ilustraciones para Le Buffon, publicado en 1942. Vollard continuó adquiriendo planchas a Picasso hasta que se le ocurrió la idea, en 1933, de que Picasso hiciera 100 grabados para editar. No hizo cien, sino doscientos, entre 1933 y 1937. De esos grabados, Vollard selección 89 y completó el centenar que había imaginado. Hizo una edición de 250 pruebas en 1939.
De acuerdo con Roland Penrose, además de 27 láminas diversas, la Serie Vollard se compone de cinco agrupamientos: 1) El taller del escultor, 46 láminas; 2) La violación, 5 láminas; 3) El minotauro, 11 láminas; 4) Rembrandt, 4 láminas y 5) El minotauro ciego, 4 láminas, más tres retratos de Vollard.
Luego del riguroso ejercicio del cubismo, Picasso llegó a la extrema depuración del dibujo clásico, de claridad y limpieza de la línea como pocas veces ocurrió en la historia del arte, salvo el de su amigo y rival Matisse. La intensidad del trazo despojado, sin sombras que afecten la pureza de su discurso ni la flexibilidad de las figuras donde se mezclan modelos, desnudos masculinos y femeninos, minotauros, escultores, bacanales, violaciones, toros y caballos, escenas circenses y homenajes a Rembrandt (otro eximio grabador como Goya), todos envueltos en una atmósfera onírica, de impalpable misterio, convirtieron, hasta ese momento, en uno de los hechos más gloriosos en la carrera de Picasso, aunque, como se sabe, vinieron otros más (y mayores) en su vejez creadora, de inagotable inventiva.
La Suite Vollard procede del Centro Cultural Bancaja de Valencia, una de las tres instituciones del mundo (luego de París y Barcelona) que posee la colección completa de todos los grabados de Picasso, con cerca de dos mil estampas. Y aunque no es la primera exposición de Picasso en Montevideo, ya que el mismo museo trajo grabados importantes del MOMA neoyorkino hace algunas décadas (la exposición del año pasado en el Museo Torres fue meramente didascálica y de ostentosa superficialidad), conocer la Suite Vollard será uno de los grandes privilegios para los uruguayos.
100 fotos de Salgado
No menos popular y mundialmente conocido es Sebastião Salgado. Nacido en Almores, en 1944, en el estado de Minas Gerais, Brasil, estudió ciencias económicas en su país hasta que «debido a problemas con el régimen militar» se marchó a París para doctorarse en economía. Mientras se dedicaba a la tesis de doctorado empezó a experimentar con la cámara fotográfica Pentax de su mujer, la arquitecta Lélia Wanick, y a partir de ese momento fue tal el entusiasmo que pensó abandonar la carrera profesional que estaba por terminar. La terminó y luego se dedicó por completo a fotografía. Adquirió una Nikon y se marchó al Africa para cubrir la hambruna en Nigeria. Empezó a tener su primer éxito y las primeras enfermedades adquiridas en lejanas tierras. Dejó la Nikon y la cambió por una Leika y sobrevivió vendiendo fotos a diversas publicaciones hasta que pudo entrar en la famosa cooperativa Magnum y a viajar permanentemente por los cinco continentes. Se convirtió en el fotógrafo testimonial comprometido con los desheredados del mundo (entre otros, trabajó para Médicos sin Fronteras en la terrible sequía que asoló Sahel, en Africa, estuvo en la Revolución de los Claveles en Lisboa, compartió la miseria de los trabajadores del Tercer Mundo, en imágenes inolvidables) y sus extraordinarios álbumes, exposiciones y distinciones lo hicieron famoso.
Al Museo Nacional de Artes Visuales, Sebastião Salgado, que cumple 60 años, estará con la muestra El rostro, espejo de la sociedad, presentada en la II Bienal de Valencia del año pasado. Se trata de una investigación sobre esa ciudad, retratando momentos extraídos de la vida diaria, hombres y mujeres, conocidos y desconocidos, en una faceta poco frecuente del célebre fotógrafo. *
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