CINEMATECA URUGUAYA Y SU POSICION FRENTE A LA POLITICA DEL CINE

Defensa de la cultura audiovisual nacional

Las autoridades de Cinemateca Uruguaya siguen reflexionando lúcidamente en torno a los temas que involucran al cine nacional. El presente artículo aparecerá en el próximo boletín informativo de dicha institución y merece atentamente su lectura.

«El martes 23 de diciembre debió llegar a Montevideo una autoridad de la Motion Pictures Association of America, la famosa MPAA, sigla reducida ahora a MPA. A la mañana debía reunirse con la Dirección de Cultura de la Intendencia Municipal de Montevideo, presumiblemente para cuestionar una iniciativa municipal que restablece el gravamen del 7% para películas extranjeras, exención que beneficiaba a todas las exhibiciones comerciales de Montevideo y que ahora sólo se aplicaría a filmes nacionales y de países del Mercosur que concedan tratamientos semejantes a las películas uruguayas en sus territorios.

Al mediodía de ese martes la MPA debía reunirse con productores uruguayos. Un rato después, con distribuidores, exhibidores y prensa. Pero todo se canceló porque Steve Solot debió permanecer en Buenos Aires, ciudad donde nadie tenía mucha noticia de cuáles eran allí sus gestiones no cancelables. En Argentina el Instituto del Cine amenaza con imponer cuotas de pantalla. Ese es un problema.

Tanta preocupación de la MPA se explica. La medida de la Intendencia de Montevideo crea un fondo de ayuda benévola a la producción nacional. Pero a la MPA le preocupa porque esa disposición afectaría a la distribución y exhibición norteamericana, que de un 80 al 83 por ciento ocupa las pantallas uruguayas. Cualquier modificación puede reducir ese porcentaje dominante y ese es el verdadero problema para la MPA.

La Motion Pictures, curiosamente, es un semimonopolio de los grandes sellos productores de Estados Unidos, no exactamente de los distribuidores, subsidiarios de los productores norteamericanos que operan a través de cadenas de distribución y exhibición al mercado mundial. Si esos mercados son democratizados en favor de intereses no norteamericanos, se achican por lo tanto los espacios de Hollywood, como ha ocurrido en algunos lugares de Europa, pero nunca, hasta ahora, en América Latina. La MPA se ampara por el momento en las disposiciones que sobre copyright Estados Unidos impuso en la Organización Mundial de Comercio, OMC, y en procedimientos implementados por el ALCA, y que no se refieren precisamente al arte cinematográfico, ni al derecho de la sociedad de acceder libremente a los bienes culturales. A cambio de no innovar en los mercados nacionales, la MPA ofrece gentilmente asesoramiento y hasta fuentes parciales de financiamiento para países que producen cine a costa de impuestos que pagan los ciudadanos, porque los recursos genuinos que debieran provenir de los mercados regionales, les están vedados. De paso, la oferta norteamericana acentuaría las disidencias de intereses de los productores de películas nacionales, con la sociedad que tiene su acceso restringido al cine de otros países, la cultura cinematográfica y las políticas culturales de interés social. Así de simple. Algunos lo llaman globalización, pero la MPA está apurada porque se vienen cambios en la OMC, en la Unesco y en los países de la región. Es ahora o mañana o llegarán tarde». *

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