El utópico que se montó en una motocicleta
Es un cineasta de pura cepa y, por supuesto, lo demostró en forma soberbia en Estación Central (1999) en esa emotiva y monumental estética de road-movie que involucran a Fernanda Montenegro y al pequeño Vinicius de Oliveira recorriendo la territorialidad brasileña en busca del padre del segundo. El filme ganó el Oso de Oro en Berlín y el Oscar a mejor película extranjera y, para Walter Salles, guionista y director de esa fascinante y emotiva historia de reciprocidades y pertenencias afectivas, fue decididamente su consolidación internacional.
Dos años más tarde, el cineasta brasileño impactaría -aunque en menor medida- con Detrás del sol, un largometraje cuyo eje disparador era el de dos familias de provincia enfrentadas entre sí generación tras generación. Pero en ambos filmes, no obstante sus diferencias estilísticas, existía y existe una poética con la hondura de lo simple que se reflejaba claramente en esos personajes periféricos pero inconfundiblemente utópicos.
Ahora Walter Salles acaba de terminar su rodaje más ambicioso en torno a un personaje precisamente utópico por excelencia y, una vez más, acude a la espacialidad de la road-movie: Diarios de motocicleta. Se trata, nada menos, que del seguimiento puntilloso por toda América Latina de un joven Ernesto Che Guevara, de apenas 23 años, hacia el año1952.
El viaje duró unos ocho meses y, por cierto, se trató del agente que provocó cambios definitivos en el corpus ideológico de Guevara. Después de la vasta experiencia recogida, del cotejo con las diferentes culturas y usos y costumbres latinoamericanas, ese individuo de 23 años cambiaría radicalmente su sistema de pensamiento y su sistema de reflexión.
Caracterizado por el ascendente actor mexicano Gael García Bernal (Y tu mamá también y Amores perros), ese joven Guevara -en el filme de Salles, cuyo rodaje tuvo una duración de catorce semanas- transitará por sitios diferentes: Valparaíso, Perú (las alturas de Macchu Pichu), el descomunal desierto de Atacama, y la terrible colonia San Pablo, el leprosario más multitudinario de América Latina, entre otros lugares, hasta que la experiencia dio su basta en suelo venezolano.
Diarios de motocicleta está respaldada en su producción ejecutiva por Robert Redford, de modo que el largometraje tendrá su première internacional en el prestigioso Festival Sundance de cine independiente, a mediados de enero, para luego participar en el Festival de Berlín. Inmediatamente la película será estrenada a nivel comercial en todo el mundo, en particular en Sudamérica, por la indudable trascendencia del personaje que Salles abordó.
Diarios de motocicleta se inicia en locaciones argentinas como las ciudades de Córdoba y Buenos Aires, el balneario Miramar y asimismo la inmensidad patagónica, para que desde allí Guevara -junto a su amigo Alberto Granado- hiciesen rodar su motocicleta por las venas abiertas de América Latina.
Según ha declarado el cineasta brasileño, el filme intenta capturar las excitaciones de dos jóvenes enfrentándose a lo desconocido. Dos jóvenes, en consecuencia, buscándose a sí mismos montados a una motocicleta Norton 500 y tratando de reafirmar sus puntos de vista como incipientes intelectuales y lectores agudísimos de realidades de una potencia doblegadora.
Una vez culminada la travesía, ambos ya no serán los mismos y la historia posterior lo atestiguará con creces, si se piensa específicamente en la peripecia y en las acciones de Guevara.
Más que mitificar a Ernesto Che Guevara, según manifestó el propio Walter Salles, se ha tratado de humanizar al personaje. Es decir, sin extirparle los flancos de una vida extraordinaria, hacerlo de cara a los espectadores como un igual. O sea, como en rigor lo fue o quiso ser. *
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