Culminación de una trilogía fascinante
Todo funciona a la perfección durante las casi tres horas y media que dura el largometraje. Habría que remarcar que el neocelandés Peter Jackson (quien había advertido de su talento y de su sensibilidad en Criaturas celestiales), el realizador de la trilogía El señor de los anillos, trabajó la adaptación cinematográfica de la monumental saga novelística de J.R.R. Tolkien (del cual Jackson, según anunció, luego del inminente rodaje de una versión de King Kong abordaría otra vez la literatura de Tolkien a partir de El Hobbit, no solamente con una fidelidad sobresaliente al texto, sino también con una puntillosidad y una creatividad que fue notoriamente superándose de filme en filme, esto es, desde La comunidad del anillo, pasando por Las dos torres hasta la espléndida y avasallante culminación que viene a ser El retorno del rey.
Dos subtramas capturan la atención de los espectadores en este cautivante tercer peldaño de El señor de los anillos: por un lado, la odisea de Frodo (Elijah Wood), de Sam (con brillante y hasta conmovedora performance de Sean Astin y el tricionero Gollum/Sméagol (una maravilla de creación técnica) rumbo a destruir finalmente el anillo que contiene todos los males en territorio enemigo. Por otro lado, la extensa batalla que se propagará a lo largo del metraje, lderada por Aragorn (Viggo Mortenssen) y Gandalf (Ian McKellen) contra los miles de orcos enviados por Saruman, una especie de príncipe de las tinieblas. Los aciertos son varios: el uso de la descomunal paisajística neocelandesa sustentada por los efectos visuales: el uso de atractivas maquetas, el detalle muy puntual de los objetos (especialmente los instrumentos de guerra) y en particular de los efectos especiales que nunca trabajan bajo el efecto de la saturación sino que, por el contrario, siempre enriquecen la sucesión de escenas de forma espectacular; una fotografía que transcurre de la luminosidad a los conos de sombra; el vestuario, tan fiel a la literatura tolkiana; la banda sonora de Howard Shore saliendo y entrando en las imágenes a manera de expandir diferentes énfasis a partir del sentido de aventura que adopta el relato con sus situaciones lúdicas, dramáticas y hasta meloodramáticas y jubilosas en su desenlace: el manejo estupendo y a la vez profundo de las cámaras para subrayar con primeros planos el estado de ánimo de los protagonistas o los planos largos o aéreos para las escenas de masas durante la lucha final.
El sentido épico de El señor de los anillos se delata más que nunca en El retorno del rey: la concatenación de escenas tiene una gratificante progresión de intensidad, y aun cuando se intuya un epílogo a favor de la comunidad, los espectadores viven la historia a partir de los contraluces que dispara una narración con un pulso inevitablemente firme, sin fisuras y que nunca decae en interés. George Lucas, el creador de La guerra de las galaxias, llamó telefónicamente a Peter Jackson para felicitarlo por la excelentísima factura de la trilogía de El señor de los anillos.
Es que el cineasta neocelandés acaba de fundar la primera trilogía maestra del primer tramo del siglo XXI: si la literatura de Tolkien posee calidad de clásico literario, seguramente el paso del tiempo le colocará su equivalente a esta fascinante saga cinematográfica.
Ahora Jackson y su vasto equipo de producción irá tras los premios Oscar. Y seguramente se llevará varios. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad