Fue una de las mejores voces del 2 por 4
Llevaba una larga carrera de cantante, a pesar de sus 43 años de edad. Había surgido en un popular programa de Canal 5 siendo un adolescente. Realizó, en esa época, sus primeras grabaciones acompañado por los tríos de Luis Di Mateo y Edison Bordón.
En 1978 decidió su salto a Buenos Aires donde, acompañado por el conjunto que dirigía Atilio Stampone, entró por la puerta grande del tango cantando en Caño 14, un mítico local de la noche porteña.
Aprendió los códigos del canto y del «decir tanguero», al lado de mitos vivientes como Roberto Goyeneche, Edmundo Rivero, Rubén Juárez y Leopoldo Federico. Allí comenzó una ascendente carrera de cantante que lo llevó a participar en la orquesta de Armando Pontier, se presentó en Mar del Plata y el maestro Osvaldo Pugliese lo invitó a participar con otros jóvenes cantantes en la grabación del disco Futuro.
Lo demás, ya es más conocido. Durante diez años compartió con Hernán Salinas, fallecido hace apenas dos meses, los cantables de la Orquesta de Tango de la Ciudad de Buenos Aires y el sexteto del bandoneonista Raúl Garello, con quien grabó el disco Viva el Tango y Homenaje a Woody Allen. Regresando a Montevideo, en 1993, para cantar con la Filarmónica de Montevideo, interviniendo en todos los ciclos de «Galas de Tango». Formó un cuarteto, dirigido por Néstor Vaz, para que lo acompañase en diversas actuaciones y en las grabaciones del CD Excesos. También grabó un disco junto al cantante popular Fernando Cabrera y su canto y presencia quedó registrada en innumerables videos.
En 1996 se convirtió en la figura fundamental de la Tercera Cumbre Mundial del Tango, interviniendo en todos los festivales que organizó Joventango. Filmó, en 1997, la película uruguaya Otario. Viajó a España, Lisboa, Estambul, Estados Unidos, Alemania (con el espectáculo producido por Joventango, «Avenida Bandoneón»), Finlandia, Egipto, Lisboa y México.
El artista
Desde sus comienzos, Gustavo Nocetti se perfiló como una de las voces que marcarían, con fuerza, su presencia dentro de la canción ciudadana.
Dueño de una voz potente, de excelente registro, gran afinación, dicción impecable y marcada expresividad, la muerte lo sorprendió en lo mejor de su carrera artística.
Consagrado enteramente al canto del tango, había estudiado a músicos y poetas y a toda la historia de este fenómeno social y artístico rioplatense.
Apostó, siempre, a los nuevos valores del tango en lo estético, poético y musical. Esta debe ser la razón por la cual en su repertorio alternaba los mejores tangos del cuarenta junto con los tangos más cercanos en el tiempo. «Los poetas como Horacio Ferrer, Eladia Blázquez, Héctor Negro o Juanca Tavera son los continuadores de la obra de Manzi, Cadícamo o Cátulo Castillo. Renovemos los repertorios, para que el tango siga vivo», manifestó, hace unos años, en un reportaje. Desde esa aciaga tarde, de hace un año, cuando se apagó una de las mejores voces de tango surgidas en nuestro país, no se ha encontrado reposición posible. Parafraseando a Federico García Lorca, cuando evocaba al torero Ignacio Sánchez Mejías, muerto en una corrida, podemos sostener: «Tardará mucho en nacer, si es que nace…». *
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