De muy poca monta

¿A quién puede ocurrírsele robarle a un ladrón? El fin de semana en la estridente Las Vegas parece haberse complicado para esos ladronzuelos de poca monta encabezados por un personaje arrogante y en pose de ganador caracterizado por Ed Burns (que, dicho sea de paso, ya parece más decisivo e importante su trabajo de cineasta independiente que el de actor). El asunto es que han estafado a un pez gordo de la big city (un Dustin Hoffmann que en cuatro apariciones se lleva todos los créditos a partir de un personaje entre cínico y siniestro) y, ahora, será  apremiados por la amenaza de una vendetta  el momento de negociar. Y se negocia. Y habrá que robar, una vez más, y repartirse el botín.

Los problemas de Ambiciones secretas, de James Foley, son diversos. La trama no prospera ni crece dramáticamente y, su narrativa, posee debilidades de guión y un suspenso que no es tal porque acude a la retórica de género.

De igual modo por allí aparece la belleza de Rachel Weisz para darle un poco de sensualidad a la anécdota y un Andy García, agente del FBI, tan bocón como desaliñado, que finalmente le dan otro embalaje a una historia si se quiere menor. Y está el pequeño gigante Paul Giamatti, uno de los laderos del personaje de Ed Burns, que le pone un gesto de prudencia a las imprudencias e irreverencias de su jefe.

Y hasta Foley se permite una vuelta de tuerca en el desenlace que el espectador atento adivinará a la media hora de metraje. Descartable y de muy poco monta. *

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