NORTH, BRILLANTE DISCO DE ELVIS COSTELLO

El amor después del amor

Elvis Costello es de esos pocos intelectuales de la cultura rock que, a la hora de reflexionar, se vuelve realmente revelador y desde luego estimulante.

Otro podría ser Pete Townshend, el guitarrista de los Who y por qué no, con una discursividad más de choque, Neil Young, y en una cifra más refinada David Byrne, el ex Talking Heads.

Lo cierto es que Costello es de esos individuos que siempre hizo lo que quiso y, a la vez, ha ido expandiendo a lo largo de los años meditaciones muy personales en torno a la cultura rock. Y canciones espléndidas, rotundas en su concepción y desarrollo.

Elvis Costello es uno de los compositores vertebrales de la historia más fecunda del rock. Ya no es aquel personaje irreverente con su inexcusable aire nerd por el que lo afiliaron a la new wave y al pospunk de los años ochenta. Tampoco es el que en algún momento decidió componer delicias junto a Paul McCartney o ligar sintonía con Burt Bucharach. Y es, a la vez, la suma de todas las cosas: en la diversidad encontró una robusta unidad de discurso y una poética alumbradora. A veces insolente, mordaz: en otras, más sereno en el propio desarrollo de sus tormentas privadas que más tarde hace públicas.

El mismo Costello que elaboró el mayor disco de covers que se haya escuchado en decenios y el que, para regocijo de sus fans, volvió a tener un pulso aceleradamente roquero en When I Was Cruel, su penúltimo disco. Demasiada música, demasiado prestigio obtenido por méritos propios.

Ahora Elvis Costello editó North, factiblemente su disco más maduro y confesional y, probablemente, por sus contenidos el mejor disco de 2003 junto a Greendale de Neil Young y Room On Fire de The Strokes. Inspiradísimo y despojado su nuevo disco posee ramalazos permanentes de belleza. De una formulación de lo bello, digamos, que transcurre por todas las estaciones anímicas y sale intacto y con una formidable fuerza liberadora.

North es un disco de rompimiento y a la vez de celebración. Hay una secuencia de canciones graves, apenas subrayadas por el piano de Steve Nieve, en las que este poeta de la canción mastica el dolor después de su separación de Cait O´Riordan, la bajista de los excelentes The Pogues, con la que estuvo en matrimonio durante dieciséis años; pero, básicamente, también hay gestos propios del que escribe ensayos amorosos a una nueva musa.

Y esa musa, aludida desde el título del disco (o sea, «Norte» por Canadá, sitio de donde proviene la finísima pianista y dama del jazz Diana Krall, su actual pareja), es ciertamente la que animó a Costello a construir un disco realmente superlativo y mayor, que se desmarca de todo lo editado en el año con excepciones.

Hay intervenciones magistrales del saxofonista Lee Konitz y del trompetista Lew Soloff, además de la participación del Cuarteto Bordsky en la impecable canción «Still». Canciones de amor después del amor con una poética si se quiere carveana, minimal, que se debaten entre el dolor y el sentido de pérdida, pero también con el estrépito de saberse contenido en otro espejo, en otra reciprocidad, en otra morada afectiva que lo completa y que lo ha llevado a esta versión de Elvis Costello tan testimonial como altamente emotivo. Perfecto, sí. *

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