Una trilogía con una producción fantástica
En los últimos siete años mi vida se basó en escribir, dirigir y producir la trilogía de El Señor de los Anillos. Ha sido una travesía exhaustiva, parecida a la de nuestros protagonistas de ficción, Frodo y Sam; no dormimos mucho, no tuvimos tiempo para llevar una vida normal y hubo días en que todos nos preguntamos si llegaríamos al final.
Dos años de preproducción fueron seguidos de 274 días de producción principal, a los cuales le siguieron tres a dos de posproducción. Cada paso del proceso de hacer estas películas presentó desafíos únicos. Recuerdo preguntándome a mí mismo qué hacer, cuando las cosas se ponían especialmente difíciles, y si preferiría hacer otra cosa que no fuera la saga del El señor de los anillos. Y la respuesta siempre fue no. Esto es porque tuve la suerte de trabajar con el más talentoso elenco y los mejores realizadores que cualquier director pudiera soñar en todo el mundo. A lo largo de los días de producción era obvio que todos teníamos algo en común: un enorme amor hacia los libros de Tolkien, lo que resultó en comprometernos a hacer lo mejor en estas películas. Siempre le estaré agradecido a New Line Cinema por darme la oportunidad de llevar mi versión de El señor de los anillos a la pantalla.
El profesor Tolkien observó una vez que «el plato de sopa, el caldero de la historia, siempre ha estado hirviendo, y a eso se le agregaron continuamente pequeñas cosas, deliciosas y no tanto». Y en consecuencia, estoy feliz al dejar estas películas en el mundo y que ellas se conviertan en lo que esta generación, o generaciones futuras hagan de ellas. Ya sea que mi contribución sea juzgada deliciosa o no tanto, la contribución fue realizada.
La trilogía está ahora fuera de mis manos y en las manos de aquellos para los cuales se hicieron estas películas; la gente que ama estos libros y que siempre ha amado el cine.
(*) Realizador de la trilogía El señor de los anillos. *
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