La lengua no es de trapo

Corolario no es sinónimo de consecuencia

Hace unos días, leí una necrológica de la que extraigo el siguiente enunciado: «A los 82 años, como corolario de un grave deterioro de su salud, dejó de existir en Córdoba el arquitecto Rufino González».

El deceso de alguien no puede jamás ser corolario de algo sino, en todo caso, su consecuencia, desenlace o resultado, que es lo que probablemente el cronista quiso decir. Recordemos que consecuencia es un «hecho o acontecimiento que se sigue o resulta necesariamente de otro»; y que sus sinónimos pueden ser resulta, resultado, secuela, efecto.

En cambio, corolario es una «proposición que no necesita prueba particular, sino que se deduce fácilmente por sí sola de lo demostrado antes». Viene a ser una suerte de conclusión, como la condición de mortal de Sócrates, que se infiere de las dos premisas «Todos los hombres son mortales»; y «Sócrates es hombre».

Como se advierte, el término corolario debe reservarse casi en exclusividad al ámbito de la lógica, y sería un sinsentido expresar, por ejemplo, que el accidente fue el corolario de un exceso de velocidad; o que como corolario de la crisis, aumentó la marginación. Diremos, más bien: el accidente fue consecuencia de un exceso de velocidad; y por efecto de la crisis, aumentó la marginación.

Podemos sí decir, por ejemplo: Aunque muy pocos ciudadanos habían leído el texto de la Ley de Ancap, una aplastante mayoría votó en contra; corolario: más allá de la norma concreta, el pueblo se pronunció contra el gobierno.

En este ejemplo, mal podría hablarse de consecuencia puesto que se trata de una deducción.

Veamos otro ejemplo. Lacalle y Sanguinetti llamaron con vehemencia a votar por No pero la papeleta celeste sólo obtuvo algo más del treinta y cinco por ciento de sufragios; corolario: la mayoría del pueblo ya no confía en ellos. En este ejemplo, podríamos aventurar que la consecuencia del hecho será que ninguno de ellos se postulará a la presidencia, pero no podemos decir que como corolario de la votación, ni Sanguinetti ni Lacalle serán candidatos.

–Yo creo que como corolario final de todo esto, bien podría mandar la vuelta, ¿no le parece?

–¡Qué lo parió! *

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