Una puesta en escena estática
La historia de la locutora de televisión (Beatriz Massons) que intenta una «investigación» sobre los crímenes de la dictadura y que sucumbe a manos de un invitado, con el radiante orgasmo de rating del productor (Franklin Rodríguez), es, en el mejor de los casos, cómica; y recordamos un esquicio de Denevi sobre la divinización del rating. Es verdad que no falta aquí la antihistórica teoría de los dos demonios («aquí hubo una guerra…. era o nosotros o ellos… qué derechos humanos respetó la sedición…» ya enunciada en el «El estado del alma» y en «¿Dónde estaba usted el 27 de junio?») con las que Ahunchaín nos sermonea, ahora por tercera vez, desde el escenario; pero la justificación de la tortura a cargo de un militar argentino (Alberto Restuccia, en video) detalle de la nacionalidad que nos hizo reír -in pectore- nos impidió tomar en serio la homilía.
La idea del esquicio es pequeña y poco original; su realización es mecánica, carente de inventiva y escrita en un lenguaje sin relieve. ¿Hay que agregar que Ahunchaín desliza una defensa de los fueros del «arte comercial», a cargo de Jorge Bolani en video, como un cínico director de cine español? No esperábamos menos.
La puesta en escena es estática y no sale el estudio de televisión; la iluminación es monocorde; no hay progresión dramática. Si no supiéramos que el autor y director de esta aburrida producción es el mismo que creó la inspirada «Miss Mártir» y el mismo director que derrochó ingenio en la puesta en escena de «Macbeth», no lo adivinaríamos.
La Culpa, de Alvaro Ahunchaín, con Beatriz Massons, Franklin Rodríguez, Verónica Linardi, Daniel Suárez y Maximiliano Contenti. En video: Alberto Restuccia, Jorge Bolani y Pepe Vázquez. Escenografía y vestuario de Florencia Flanagan, iluminación de Alvaro Domínguez, dirección general de Alvaro Ahunchain. En el teatro Movie Center, Montevideo Shopping.
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