Lo mejor de la temporada
Muy probablemente El empleo del tiempo del francés Laurent Cantent pueda calificarse como uno de los mejores estrenos exhibidos en el 2003, a pesar que no logró filtrarse entre las cinco nominadas por la Asociación de Críticos de Cine del Uruguay. Austera y contenida, esta historia sobre desempleado que oculta dicha condición a la familia mientras deambula por edificios y calles, resultó una propuesta fílmica de alto impacto en la platea (además de presentar una excelente resolución dramática).
Sin dudas que Historias mínimas de Carlos Sorín es otro de los títulos que integra la selecta lista de lo mejor del año. Con un aire de fresca cotidianidad, el director argentino promovió un entretejido cinematográfico de primera línea, despojado de efectismos y atento a la propia realidad de un contexto provinciano rico en matices. También de Argentina vino Un oso rojo de Gerardo Caetano (uruguayo radicado en la vecina orilla) que, a través de una propuesta anecdótica sobre ajuste de cuentas entre el mundo del hampa, elaboró un despojado armazón narrativo que proyectó el filme a la categoría de otro título para el aplauso. (Renglón aparte, además, para la excelente labor protagónica de Julio Chávez).
Otro aporte a tener en cuenta fue El ladrón de orquídeas de Spike Jonze (donde la frustrante imposibilidad de plasmar en imágenes la novela que da título a la película resulta el propio acontecimiento a narrar), supuso otro punto alto y delirante para una platea exigente. Un aplauso que también debe compartirse con el guionista Charlie Kaufman y el actor Nicolas Cage, obviamente.
Por su parte, Lejos del paraíso, del director Todd Haynes, tomó la esencia de los filmes estadounidenses de mediados del Siglo XX recreando una manera de registrar el mundo pero con la mirada del hoy por hoy. En este nuevo universo reciclado, Haynes intercaló su dosis de realidad con una historia de racismo y homosexualidad resquebrajando varios espejismos y dando espacio, además, a una excelente interpretación de Julianne Moore. Mojón ineludible resultó, además, Río místico, la nueva propuesta del veterano Clint Eastwood que narró, con mano maestra, una sombría historia de crímenes y abusos sexuales en una cerrada comunidad norteamericana. Igual preponderancia obtuvo el largometraje Las horas de Stephen Daldry que narró tres historias paralelas incluyendo una biografía ficcionada de Virgina Woolf con el excelente desempeño de Julianne Moore, Nicole Kidman y Meryl Streep.
Sin dudas que unos de los impactos de la temporada resultó el documental Bowling for Columbine de Michael Moore, ganador del Oscar y promotor de una polémica sobre la violencia subterránea (y no tanto) que oculta el pueblo estadounidense. Esa violencia también aparecía esporádicamente en Embriagado de amor de Paul Thomas Anderson aunque la propuesta diluía dicha hostilidad en medio de un romance poético y cuasi sublime. Fascinante. Un deslumbramiento que también se hizo presente en Kill Bill de Quentin Tarantino y su estética reciclada que homenajeó al cine de las artes marciales de la década del 70.
Mientras tanto, Abajo el telón de Tim Robbins resultó un filme más que bienvenido. Cradle will rock título original pasó revista a los comienzos de la denominada «caza de brujas» del tristemente célebre Comité de Actividades Antinorteamericanas, partiendo de puntuales hechos verídicos. Pero más allá del tratamiento histórico del tema, el resultado cinematográfico logrado por Robbins fue, verdaderamente, admirable y consiguió recrear un elocuente friso que habló, entre otras cosas, de política, de libertad artística y de posibles concepciones sobre la cultura desde un punto de vista empresarial. Impresionante.
En otro orden de cosas y filmada con la rudeza propia del ámbito que plasmó la brasilera Ciudad de Dios de Fernando Meirelles supuso un descenso a círculos infernales tan cercanos como temidos. El carácter despojado de este filme no inhibió al realizador de aportar un atendible tratamiento de cámara, fusionado con cierto manejo transgresor de los tiempos narrativos, dotando a la película de una dimensión artística con carácter de obra mayor. Otro subrayado renglón aparte, por cierto, merece Pandillas de N. York, donde Scorsese buscó las raíces del crimen organizado (entre bandos étnicos y políticos de turno) recreando una épica bastarda sobre la posible verdadera historia de los Estados Unidos de América. Monumental.
Cambiando de ángulo, Chicago filme dirigido por el debutante Rob Marshall sobre la propuesta del mayúsculo Bob Fosse fue uno de los filmes más premiados del año. Con un buen manejo de estilizado sarcasmo, cierta pizca de sensualidad y unos cuantos dardos de crítica social bien administrados, el original diseño de Marshall transformó los números musicales en proyecciones de la imaginación y fantasía de sus protagonistas, convirtiendo realidades grises en vistosas coreografías sin cortar la linealidad narrativa del filme y reflotando el género musical a su mejor nivel. También cabe un subrayado para la película checa Lo mejor de nosotros del checo Jan Hrebejk, una conmovedora historia que habló sobre la lealtad del ser humano y un emblemático resurgimiento de las cenizas luego de la segunda guerra mundial.
Entre el humor y la ciencia ficción
Mientras tanto, Las confesiones del Sr. Schmidt de Alexander Payne mostró un inteligente tratamiento de su material guionístico y el despliegue histriónico de Jack Nicholson. La obra en cuestión parte de la novela About Schmidt de Louis Beygle narrando, en tono agridulce, las desventuras de un sexagenario que debe adaptarse a su nueva vida de jubilado luego de haber ejercido por décadas la vicepresidencia de una compañía de seguros. Con las distancias del caso, Extermino de Danny Boyle, no sólo presentó un inquietante rasgo de verosimilitud sobre futuro apocalíptico, sino que, además, logró enganchar a la platea gracias a una capacidad narrativa fuera de discusión, homenajeando a la vez a los filmes Clase B de ciencia ficción
Haciendo honor a su fama de incansable, Woody Allen se presentó por partida doble: en primer lugar y con todos los condimentos de una típica comedia de la década del 40, La maldición del escorpión de jade supuso un nuevo pasatiempo intelectualizado de Allen, divertimento que continuó con La mirada de los otros («Hollywood ending») donde volvió a jugar con el cine dentro del cine sin mayores pretensiones que una liviana humorada. Continuando la línea humorística, La boda, de la hindú Mira Nair, marcó un reconocimiento tácito a los resortes que hacen a la comedia estadounidense con sus convenciones, clisés y el clásico «happy end», sin perder de vista su típica contextualidad.
Otros largometrajes destacables podrían ser, a modo de ejemplo: Intervención divina del cineasta palestino Elia Suleiman que utilizó el humor como herramienta despiadada al servicio del mensaje político. Negocios entrañables, de Stephen Frears; El juego de la banca, largometraje australiano (ópera prima escrita y dirigida por el cineasta Robert Connelly) sobre los negocios y negociados de la banca privada; La hora 25, último filme de Spike Lee que relata las últimas horas en libertad de un narcotraficante; La flor del mal, donde Claude Chabrol habló de las mentiras que maquillan estados de conducta mientras el mundo continúa transitando una aparente normalidad; 11 de setie
mbre, que supuso diversas miradas sobre un hecho terrorista que conmocionó al planeta; Ararat, película sobre el holocausto armenio escrita y dirigida por Atom Egoyan, Japón, una suerte de homenaje a Tarkovski, del mexicano Carlos Reygadas; La dama y el duque, filme de Eric Rohmer ambientado en la Revolución Francesa; Fiesta de aniversario escrita y dirigida por Jennifer Jason Leight y Alan Cummnig sobre los trasfondos del espectáculo en versión doméstica; El viaje de Movern de Lynne Ramsay con la excelente actuación de Samantha Morton; Piso compartido de Cédric Klapish, una divertida visión del encuentro estudiantil multirracial en Barcelona; Tres estaciones de Tony Bui y su panorama sobre el Vietnam en los tiempos que corren; El viaje de Chihiro de Hayao Miyuazaki, un largometraje animado absolutamente fantástico y Betty Fisher de Claude Miller, que recreó un trhiller de primer nivel donde profundizaba los perfiles psicológicos de los personajes. *
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