LA ADOLESCENCIA EN UNA MIRADA ALEJADA DE CURSILERI0AS Y ROMANTICISMO

En Cinemateca 18 se estrena Nadar solo

Una geografía específica (el Barrio Norte de Buenos Aires, más reconocible por sus interiores que por sus calles) y la pertenencia a una generación (la adolescencia) y a una clase (media, claro) definen el telón de fondo y los personajes de esta película argentina. A los 17 años el protagonista, Martín, se preocupa razonablemente más de su pequeña banda que del colegio privado al que concurre, y por supuesto no se lleva bien con sus padres, que tampoco parecen hacerle demasiado caso. El muchacho comparte una y otra vez las mismas rutinas con sus amigos, hasta que las cosas se van encadenando unas con otras y se encuentra de pronto frente a la posibilidad de un viaje, ante el mar, ante una chica. A partir de ese momento deberá aprender a nadar solo.

El viaje del protagonista a Mar del Plata define a la película. El desplazamiento para buscar al hermano mayor permite al fin describir primero su vida en Buenos Aires, hecha de pequeños absurdos escolares y domésticos, signada por la música que ensaya o que escucha, y prepararlo para el deslumbramiento de la joven que se cruza en su camino. En ese momento el filme tiene, como lo ha dicho ya alguien, la osadía de incluir emociones, en su variante pudorosa, en una historia de adolescentes.

Aunque se pueden encontrar antecedentes de esta película en el joven cine argentino (en particular Rapado de Martin Rejtman), hay acentos reconociblemente personales en el trabajo del director y coguionista Ezequiel Acuña. Como pudo señalarlo el crítico argentino Luciano Monteagudo «la adolescencia, con toda su incertidumbre y su melancolía, no había encontrado hasta ahora una expresión tan concreta, una materialidad tan alejada de cursilerías y romanticismo de ocasión» como las que proporciona esta película. Montegudo observa también, atinadamente, que «siempre fiel a un mismo tono opaco, callado, introspectivo, Acuña va encontrando la manera de reflejar ese momento decisivo, cuando ya existe un pasado y una historia personal que determinan el presente, al mismo tiempo que el futuro se asoma bajo la forma de un enorme signo de interrogación».

El director Acuña no es por supuesto un adolescente, pero dejó de serlo hace no tanto como para no saber de lo que habla. Nacido en Buenos Aires el 9 de setiembre de 1976 estudió guión en la Escuela Superior de Cinematografía de esa ciudad, y realización en el Cievyc. Ha realizado los cortometrajes Tokio (1998), Raro (1999) y Rocío (mismo año). Con esta película se lanzó a nadar solo en el océano del largometraje. *

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