PROHIBIDO PARA NOSTALGICOS

Julio Sosa, el varón de tango

El Sud América estaba repleto aquella noche de Carnaval. El animador, de bigote finito, anuncia a los bailarines: «Señoras y señores en esta noche de gala llega El varón del tango, Julio Sosa». Y a sus espaldas el cantante le susurra alguna broma. Fue la última vez que el viejo escribidor estuvo con su compinche de bohemia. Un botón 26 de noviembre de hace 39 años, Julio se piantó para cantar su firulete y cambalache allá arriba y los señores con alas muy copados no lo dejaron bajar más. Parece ayer cuando, por fines de la década del 40, trillaba Las Piedras cantando en los boliches. Su amigo, el Cacho Magiolo lo recibía en el legendario Café Continuado. Las musas canyengues lo ayudaron una noche en el bailongo Los Rosales cuando su compadre el jockey Gualberto Pérez le presentó a Agustín Pucciano, el buscador de talentos. Vino la invitación para que cantara en el Café Ateneo, de la Plaza de Cagancha, donde don Agustín organizaba sus concursos. El muchacho de Las Piedras llama la atención de los parroquianos por la polenta de su voz. En una de esas veladas, acompañado por Carusito, lo escucha el director Hugo Di Carlo que necesitaba una gola para su afamada orquesta. Le tuvieron que mandar a hacer un traje de apuro porque Julio en esos días sólo tenía un gastado pantalón y apenas un par de camisas.

En un principio utilizó el nombre de Alberto Ríos porque había un político llamado Julio Sosa y nadie quería problemas. De la mano de Pucciano hizo un ciclo en la fonoplatea de El Espectador. De ese tiempo fue la anécdota que siempre nos contaba de cuando una noche en el Ateneo escuchó a Carlitos Roldán cantar «Tengo miedo» y lloró de emoción. Apoyado por su talento y amigos irrumpe en la noche porteña. Fue con Leopoldo Federico y su típica que el nombre Julio Sosa comienza a brillar en las marquesinas de corrientes. Se une a estrellas de los quilates de Edmundo Rivero, Florial Ruiz y Susi Leiva para batallar por el tango que parecía ser desplazado por la muchachada de El Club del Clan. En la película La música de Buenos Aires, eligen a Julio para que diera respuesta a la avasallante Nueva Ola con el tema «El firulete», un credo mistongo que reivindica al compás del arrabal. Las radios en sus bailables nocturnos irradian los poemas «Madame Ivonne» y «María». A sacudir las tabas con la «Milonga del 900″. Actúa en Saeta cantando y recitando mientras sonaba La Cumparsita. En los bailes de los altos de El Vaccaro nació la camaradería con el veterano que ahora, medio sensiblero, garabatea sus recuerdos. La sala llena de gente esperándolo y Julio se demoraba en la puerta hablando con los vendedores de flores, canillitas y lustradores. Por más alto que llegó nunca dejó de ser aquel humilde muchacho de Las Piedras que conoció el rigor de la mishiadura. Con más recuerdos y tangos los esperamos todos los sábados, a las 18.30 horas en 1410 AMLIBRE. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje