LO MEJOR DE 2003 EN TEATRO

Un año en las tablas

El público fracasó mucho más que los actores y directores: las mejores piezas del año, con alguna excepción, fueron fracasos de boletería, que se rindió al afligente Fontanarrosa y demás zonceras. Nombraremos a los mejores espectáculos y sus directores.

Alberto Rivero ha dedicado buena parte de su vida, por lo menos durante el año, al teatro, y puso sobre las tablas a «Cruzadas» de Michel Azama (con destacada actuación de María Azambuya), «Medeamaterial» de Heiner Müller, «Parásitos» de Marius von Mayenburg y «.45″ de Sergio Blanco, sin contar su actuación en «La última cinta magnética» de Beckett. Ha atendido textos complejos y hasta crípticos: sus cualidades más destacadas son la intuición y la fantasía. Tiene una intuición certera del sentido de los libretos y de los efectos teatrales que sabe crear. De su producción elegimos «Medeamaterial», que unió a la poesía de Müller la volcánica imaginación del director, sin torcer ni traicionar las líneas trazadas por el autor. Las actuaciones de Daniel Bérgolo (que también brilló en «Parásitos») y de Lucio Hernández como Jasón deben ser destacadas especialmente.

Mario Ferreira es, como director, más apolíneo que Rivero, aunque quizás el adjetivo cuadre mejor a la autora de su única producción de este año, Caryl Churchill y su «Séptimo cielo», obra muy original, cuidadosa, urdida, diagramada y tejida con paciencia de costurera hasta el más mínimo detalle. Con una sonrisa entre burlona y cómplice Churchill habla, muy elocuentemente, a nuestra racionalidad, a la que de inmediato socava no bien creemos pisar terreno despejado. La puesta en escena de Ferreira trasmitió cumplidamente el inquietante mensaje de la autora. Los actores, que debieron lidiar con curiosos «personajes» que se desdoblan y transforman, fueron excelentes: señalamos como lo mejor a Margarita Musto, Graciela Gelós y Gabriel Hermano.

A Ruben Coletto no le asustan fantasmas y puso en escena nada menos que «El público» de Federico García Lorca, una obra que continuamente se resiste e incita a la comprensión; por momentos es simbólica, por momentos Lorca parece confesarse; a veces levanta vuelo con su lirismo impar y otras veces se arrastra; parece abarcar todo el universo del autor y también que al final no queda nada entre los dedos. En cuanto a dinamismo, energía, impacto y válidos efectos. Coletto es insuperable; fue magnífica la actuación de Laura Schneider, una actriz en ascenso a la que se debe buena parte de la emoción que «El público» trasmite.

Nelly Goitiño, con su impecable y emocionante «El chalé de Gardel» de Víctor Manuel Leites tuvo a su cargo uno de los mejores espectáculos del año. Es una lograda obra de un autor uruguayo, con una trama concentrada que sirve para retratar inolvidablemente a los personajes y aludir con fuerza a varios temas y significados paralelos. Luis Fourcade y Carlín Priegue tuvieron actuaciones de primer orden. Para nuestra apreciación fueron «El chalé de Gardel», «Las cartas que no llegaron» de Mauricio Rosencof y «El pozo de aire» de Alicia Garateguy lo mejor del año en materia de autores nacionales. Nelly Goitiño dirigió también «En la colonia penitenciaria» de Kafka y «Toque de queda» de Carlos Gorostiza.

Una mención especial merece Mario Morgan con «La prueba» de David Auburn. Muy pocos directores tienen el arte de Morgan para extraer hasta la última gota de lo que son capaces los actores que dirige, y es único en el arte de la comunicación, siempre fluida y clara como agua de manantial. Tanto Antonio Larreta como Lucía Sommer, Roxana Blanco y Mario Ferreira estuvieron en su mejor nivel. La escenografía fue despojada y la iluminación muy simple; pero la obra habla por sí misma y lo demostró convirtiéndose, sin mengua de su valor artístico, en uno de los espectáculos más exitosos del año.

«No el pecador» de Joshua Logan, con puesta en escena de Jorge Denevi, mostró la garra dramática del lúcido e hipersensible director. Todo hacía pensar que el tema (el crimen de Leopold y Loeb) había sido agotado, en particular por su difusión a través del cinematógrafo; pero Denevi supo extraer una nueva visión. Recreó con rápidos trazos una atmósfera de comienzos del siglo XX (la creación de atmósferas es una especialidad de Denevi), delineó magistralmente dos o tres personajes y planteó problemas de conducta, de una potencia estremecedora. Denevi se siente afín a la comedia, donde tiene una marca de fábrica; pero es en el drama donde se nos revela. Los jóvenes Damián Coalla y Sebastián Serantes encarnaron brillantemente a los protagonistas.

Ruben Yáñez, de larga trayectoria en nuestras tablas, regresó con gloria, energías intactas y pólvora seca, en el inmarcesible «Proceso a Juana Azurduy» de Andrés Lizarraga, una obra donde la anécdota histórica engrana con el compromiso de nuestras vidas con la sociedad y el prójimo. Hubo una admirable interpretación de Elsa Mastrángelo en el papel principal.

Hacia el fin de este cuadro de honor, pero no lo menos, está Imilce Viñas, con una admirable puesta en escena de «Un marido ideal», del inmortal Oscar Wilde. Hay en la directora una fina inteligencia y una acertada reflexión sobre el tema, que es también una crisis de consciencia; hay un fluir ritmado de la acción, una elegancia que no deja de mostrar a la humanidad de sus portadores. En una puesta en escena multitudinaria, donde hay el mínimo de corrección exigible y varios puntos altos, destacamos la interpretación de Alicia Dogliotti.

Diversas obras de verdadero mérito deben mencionarse. «Concierto de aniversario», o «Cuarteto» de Eduardo Rovner, una recia alegoría con claras connotaciones actuales y aplicada puesta en escena de Patricia Yosi, pudo compararse con ventaja con la versión que presentó en Montevideo hace algunos años Sergio Renán. Dos intérpretes de primer orden la realzaron: Walter Reyno y Ernesto Laiño. «Mujeres de ojos grandes», de Angeles Mastretta, dirección de Ernesto Clavijo, nos hizo conocer una muy interesante escritora mexicana y dio un panorama de un pueblo que reconocimos como propio a las primeras de cambio. «El contrabajo» de Patricck Süskind, una obra que no parece envejecer, permitió valorar el refinado arte de intérprete de Carlos Frasca; «Hamlet García», de Miguel Morillo, dirección de Alfredo Goldstein, una áspera obra dramática, lució la revelación como actriz de Mariana Lobo; «Las cartas que no llegaron», de Mauricio Rosencof, dirección de César Campodónico, fue la mejor obra de autor nacional, con destacada actuación de Gustavo Alonso; «Aku» de Bosquimanos Koryak, fue un hermoso espectáculos de «teatro negro».

En el renglón musical, Omar Varela parece inamovible, con «Muñecas del Cha cha cha», con la siempre perfecta Laura Sánchez, aunque aquí sí debe compartir los máximos honores con Ignacio Cardozo, de regreso brillante con «D K Da Dekada» y la reaparición de «Toccatta y fuga» en «Concierto Desconcierto», dos espectáculos de auténtico calidad.

De los espectáculos extranjeros admiramos especialmente «Ã‘aque, o de piojos y actores», de Sanchis Sinisterra, dirección de nuestro compatriota Juan Carlos Moretti por el grupo español «Azar teatro» y «Querido mentiroso», de Jerome Kilty, interpretación de Norma Aleandro y Sergio Renán.

En orden alfabético, siguen los mejores actores y las mejores actrices.

Actores: Gustavo Alonso («Las cartas que no llegaron»), Daniel Bérgolo («Medeamaterial», «Parásitos», Jorge Bolani («Novecento»), Jorge Esmoris (La isla), Luis Fourcade («El chalé de Gardel»), Carlos Frasca («El contrabajo»), G
abriel Hermano («Séptimo cielo»), Lucio Hernández («Medeamaterial» y «45»), Ernesto Laiño («Concierto de aniversario» y «Medea Manhattan»), Antonio Larreta («La prueba»), Carlos Priegue («El chalé de Gardel»), Walter Reyno («Concierto de aniversario»), Roberto Romero («Entre vos y yo») y William Selzer («Oscura, tierna, dócil carne de diván»).

Actrices: María Azambuya («Cruzadas»), Marisa Bentancur («La escala humana») y «Parásitos), Roxana Blanco («La prueba»), Alicia Dogliotti («Un marido ideal»), Graciela Gelós («Séptimo cielo»), Mariana Lobo («Hamlet García»), Elsa Mastrángelo («Proceso a Juana Azurduy»), Margarita Musto («Séptimo cielo») y Laura Schneider («El público»). *

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