Todo tiempo pasado fue mejor
Es ya un clásico uruguayo, como el mate, la murga y las tortas fritas. La Noche de la Nostalgia no se celebra en ningún otro lugar del mundo. Es muy probable que algún extranjero despistado, observando que la fiesta se hace en la víspera de la celebración de la declaratoria de la independencia que curiosamente no genera ningún festejo popular piense que la nostalgia se refiere a la dominación española, portuguesa o británica.
Pero no es así.
Todo comenzó en 1978. Al disc jockey y empresario Pablo Lecueder, conductor del programa Old Hits de la emisora Radiomundo se le ocurrió organizar una fiesta en la discoteca Ton Ton con la música que emitía en su programa. Como su nombre lo indica se trataba de viejos éxitos del pop anglosajón de la década del sesenta y del setenta. La consigna era que todas las canciones debían ser anteriores a 1975.
La fiesta tuvo tal éxito que se repitió año a año y, como siempre sucede, otros vieron el filón y se pusieron a organizar sus propias fiestas nostálgicas. Lecueder, sabiamente, patentó el nombre de su invención, por lo que los demás tuvieron que aguzar su ingenio y bautizar sus respectivas fiestas como Noches del Recuerdo y nombres por el estilo.
Hoy en día y pese a la crisis, la noche del 24 convoca a miles de personas a salir a bailar, siendo la noche que más se baila en el Uruguay (va más gente a discotecas y boliches que las noches de Navidad y Año Nuevo) y se ha transformado en un atractivo turístico, al menos para los habitantes de la vecina orilla.
El 24 es una noche de entradas agotadas, aglomeraciones, trabajo para disc jockeys, grupos de covers, músicos que tuvieron sus quince minutos de fama décadas atrás y acomodadores de autos, entre otros. Y hay por supuesto, fiestas de «antinostalgia» en pubs donde se la dan de alternativos.
El por qué de la nostalgia
Hay una máxima que puede explicar la Noche de la Nostalgia.
Cada veinte años todo vuelve y cada nueva década plantea un revival, especialmente a nivel de la música pop, de lo que sucedía veinte años atrás.
Se trata por supuesto de una estrategia de la industria musical por volver a vender productos con fecha de vencimiento. Pero hay una explicación «filosófica».
Quienes más consumen música y con ella todas las tendencias de la moda que la rodean son los adolescentes.
La mayor parte de la gente que está por los treinta y pico, está muy ocupada y generalmente poco interesada en escuchar e informarse de lo que está haciéndose hoy en día en materia musical. En su mayor parte han quedado anclados en sus gustos musicales en lo que fue la época de su adolescencia, donde compraban discos, iba a bailes y escuchaban los últimos éxitos en la radio.
Los adultos ya no salen a bailar, pero en esa noche pueden recordar sus años mozos, los años en que la música «era realmente buena, y no la porquería de ahora». Nada muy diferente de lo que hacían sus papás cuando escuchaban o bailaban tangos y decían lo mismo de la música que en ese momento estaba de moda.
La Noche de la Nostalgia comenzó recordando la década del sesenta. Ahora, sin dejar de lado lo anterior el centro está en los años ochenta.
Lo nostálgico es principalmente un fenómeno de clase media y clase alta hay que ver lo que salen las entradas a las distintas fiestas pero año a año se ha ido democratizando, tanto a nivel socioeconómico como cultural.
Por ahora el fuerte del componente nostálgico sigue siendo la música anglosajona, aunque se ha ido incorporando algo de la música pop rioplatense de los sesenta (Club del Clan, Iracundos) y el rock argentino de los ochenta.
Aunque los festejos se han diversificado, todavía no han entrado en el ruedo los candombailes aquel fenómeno de los primeros años ochenta ni la música tropical, pero seguramente eso es cuestión de tiempo.
Muy probablemente dentro de veinte años, el 24 de agosto bailaremos las canciones de Los Fatales y Chocolate, y pensando que aquella sí que era buena música. *
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