"LA PIAF", DE JOSE ABRAMOVICH, EN "EL SOTANO"

Lejos del ruiseñor de París

Esta pieza sobre Edith Piaf está atribuida a José Abramovich, un autor al que el programa de mano no concede ni una línea y escribe su nombre en cuerpo 8, letritas perdidas debajo del título monumental.

Es muy probable que el futuro no lo registre como autor, y no sólo por esta ingrata presentación: Abramovich escribe en un estilo que avergonzaría a los fabricantes de teleteatros.

A veces quiere ser sutil: «… buscó la felicidad en el amor, pero ¿la encontró?», otras quiere ser forense: «¿Por qué no la dejan amar?». Otras veces intenta el estilo filosófico: «… Sin amor no se puede vivir».

Se dirá que es suficiente con la música y el canto. Pero es un descuido con consecuencias. El espectáculo es siempre uno, y no es la suma de un argumento más algunas canciones: si el libreto es frágil, las canciones se desploman, del mismo modo que una letra inspirada hace perdonar una música precaria.

Pero aquí llegamos al Scylla y Caribdis de esta obra. Las canciones son de Edith Piaf, pero la intérprete es Leticia. Leticia debe tratar de cantar como Piaf, y agrega sonidos ásperos y ritmos quebrados. Edith Piaf tenía algo de eso; pero por encima de las voces roncas había los trinos de un ruiseñor de sorpresiva y sorprendente musicalidad. No era sólo impulso, empuje o nervio; era melodía, y más aún emoción. La actriz y cantante se empeña, emplea la fuerza, pero no nos llega ni la canción ni su personaje. No es la Piaf y ni siquiera parece una parodia.

En la versión anterior de la vida de Edith Piaf, de Omar Varela, también titulada «La Piaf», la intérprete fue Laura Canoura. Canoura no sólo cantó mucho mejor que Leticia; fue mucho más Edith Piaf. Sus condiciones vocales e histriónicas le permitieron, sin dejar del todo de ser ella, imitar, con fortuna, a la cantante francesa. Había que imitarla, más que en cualquier otra cosa, en el canto; y más que nada en lo mejor del canto. La propensión de Abramovich a las tautologías nos permitirá escribir aquí que lo más importante en la vida de un artista es el arte. Para hacer de Pelé hay que encontrar a alguien que sepa jugar el fútbol; naturalmente, nadie jugará como Pelé, pero debe aproximársele. *

LA PIAF, de José Abramovich, con Leticia, Jano Gabard y Antolín de León (piano). Vestuario y ambientación de Ana Arrospide, iluminación de Martín Blanchet, dirección de Marcelino Duffau. Estreno del 7 de agosto, espacio cultural «El sótano» del Carrasco Lawn Tenis, Eduardo J. Couture 6401, tel. 66 00 4312.

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