Sensibilidades mayores
El legendario dúo Steely Dan vuelve a la consideración pública con su nuevo disco Everything must go. En este material, Donald Fagen y Walter Becker conservan su particular estilo musical donde combinan pop, rock y jazz y una letrística marcada por un humor corrosivo. Creadores de dos discos fundamentales de la historia del rock como Aja y Gaucho. Donald Fagen (55 años) y Walter Becker (53), las dos sensibilidades mayores que definen el corpus creativo de Steely Dan, tardaron dos décadas para reaparecer con el también impecable Two against nature (2000), con el que obtuvieron cuatro premios Grammy.
En el presente disco, los dos obsesos de los estudios de grabación (no son adeptos a los tours y shows en vivo) grabaron en el transcurso de un año registros de una textura refinadísima y que fuesen mezclados en equipos analógicos. Puntillosos, con una estructura arreglística de coloraciones siempre deslumbrantes, los Steely Dan redondean en nueve canciones un disco casi perfecto, de esos que se terminan denominando de catálogo. Si algo se parece a la madurez y a la vigencia de una forma de fundar música popular, pues allí está el mejor dúo que ha brindado la cultura rock de todos los tiempos: Donald Fagen y Walter Brecker.
Su sonido, esa particular amalgama de jazz con elementos de blues y rythm & blues, esas melodías contagiosas con letras perturbadoras, hace difícil compararlos con otros.
Son definitivamente intelectuales que se expresan a través de la canción popular. Los dos, cada uno por su lado, poseen un vasto background en el campo de la literatura, esto es, variadas lecturas que les permitieron entonces desarrollar una arquitectura compositiva compleja.
Siempre hay un plan en Steely Dan, muchas correcciones. Son demasiado autocríticos, al punto que cuando se pensaron agotados, no volvieron a editar un disco en veinte años.
El nuevo disco abre con «The last mall», una visión del aquí y ahora un tanto apocalíptica con una construcción sonora levemente disonante, con ritmos cruzados y un texto frontalmente mordaz. Los quiebres amorosos asoman en «Things I miss the most», donde los deliberados efectos irónicos encubren toda posibilidad confesional con desgarro al pie. Y asimismo reflexionan sobre los efectos de la tecnología en «Pixeleen», o acerca de sí mismos y su posicionamiento en la industria musical en la canción que le da nombre al proyecto discográfico.
Steely Dan todavía es una usina creativa inagotable. Las guitarras, las voces, el bajo y los teclados construyen un universo envolvente y seductor a partir de las sensibilidades ya prácticamente gemelas de Donald Fagen y Walter Brecker.
No son freaksni mucho que se les parezca. No celebran el circo humeante y vaporoso del rocanrol. Simplemente fundan canciones estupendas, y se dan el tiempo que quieren para redondearlas, afinarlas, decantarlas y, una vez finalizadas, otorgar pues una obra mayor como la presente. Un disco que se trata de los mejores de 2003. Qué compositores. *
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