La cumbia villera de Los Pibes Chorros
Los autores de esta canción, un grupo llamado «Los Pibes Chorros», pertenecen a una de las numerosas bandas musicales surgidas de las villas miserias (cantegriles argentinos) que a través de sus canciones hacen abiertamente apología del delito.
Ese nuevo fenómeno también aparece en los «narcocorridos» mexicanos, música típica del norte del país, que marcó toda una época y en la que muchos delincuentes se «inspiraron» para cometer ataques.
Esas canciones relatan historias sobre envíos de droga, captura y muerte de narcotraficantes y, en general, relatan en términos elogiosos el negocio y la vida de los mafiosos.
Los «narcocorridos» también son interpretados en las zonas cocaleras de Colombia, país en el que las guerrillas y fuerzas paramilitares también tienen su propia música.
Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia cuentan al menos con dos grupos de música vallenata, cuyos temas giran en torno de la denuncia social, la exaltación de jefes rebeldes, la militancia y el llamado a los militares a la deserción.
A comienzos de julio, en Colombia estalló un escándalo cuando salió el CD Detonación, que hace apología de los paramilitares.
El narcotráfico también generó un fenómeno social que se conoce en el país como la «cultura del traqueto (mafioso)», que consiste en mimetizar los comportamientos excéntricos de los contrabandistas, tales como el uso de joyas y prendas con colores y diseños llamativos, la exaltación de la vida fácil, el derroche de dinero y el volumen alto en los estéreos de los automóviles.
En un comienzo, la mayoría de los adeptos de la música que enaltece el delito eran personas afines al hampa, pero esta música pronto pasó a ser escuchada en las discotecas de élite de la mayoría de las ciudades latinoamericanas.
«La alarma se acciona y no podemos zafar/ Si llega el comando nos van a bajar/ Queremos a un juez, queremos a la prensa, si ellos no aparecen somos todos boleta (muertos)/ Estamos todos jugados/ nada nos importa ya/ sigamos haciendo quilombo (lío)/ la yuta (policía) no nos va llevar…», cantan «Los Pibes Chorros», mientras arengan a sus fanáticos.
El aspecto más inquietante, según algunos sociólogos, reside en que ese nuevo fenómeno desacomplejó al hampa: hasta hace algunos años, los delincuentes sometidos a las reglas morales tradicionales tenían conciencia de que robar y matar era un acto condenable por la sociedad. Ahora, por los anti valores que transmite esa música, llegaron a la conclusión de que el crimen es sólo una revancha. *
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