EL NUEVO CINE LATINOAMERICANO

La realidad de la violencia latinoamericana supera a la ficción

Varios niños fuertemente armados corretean detrás de una gallina hasta llegar a un callejón donde se encuentra un joven al que le piden que atrape al ave.

De pronto aparecen numerosos policías: el joven queda acorralado entre los dos grupos y comienza un furioso tiroteo.

Así comienza la exitosa película brasileña Ciudad de Dios, que narra la historia de un joven nacido en una favela de Rio de Janeiro obligado a convivir con los criminales, delincuentes y narcotraficantes de su zona. Ciudad de Dios, dirigida por Fernando Meirelles y basada en una novela de Paulo Lins, es una de las numerosas películas de ficción o documentales que reflejan la vorágine de violencia que estremece a América Latina.

«Desgraciadamente no creo que el cine cambie nada. El cine sirve sólo para mostrar. Por ejemplo con esta película se mostrará una parte del país que muchos brasileños no conocen en absoluto», recalcó Meirelles.

Ciudad de Dios narra una dura realidad de Brasil, al igual que Carandiru, que describe la tragedia de la cárcel de São Paulo.

Carandiru, que transcurre en un presidio, es la tercera obra del brasileño Héctor Babenco, después de Pixote y El beso de la mujer araña.

También varias de las producciones colombianas de los últimos años han abordado el tema de la violencia. Las principales fueron Rodrigo D: no futuro, La Virgen de los sicarios y La vendedora de rosas.

Las tres producciones se desarrollan en barrios marginales de la ciudad de Medellín y narran la vida de jóvenes que deben crecer en medio de la violencia, la pobreza y la desesperanza, y que  a su vez  son hijos de una generación que fue expulsada del campo por la violencia.

Rodrigo D: no futuro y La Virgen de los sicarios  basada esta última en la novela homónima del escritor colombiano Fernando Vallejo  también presentan en detalle la vida de esos jóvenes que se convierten en pistoleros a sueldo de los carteles de la droga y desarrollan una visión particular de la vida, en la que toda forma de crimen parece ser legítima.

Argentina también produjo una película sobre violencia que generó fuertes controversias: Pizza, birra y faso del uruguayo Adrián Caetano y el argentino Bruno Stagnaro cuenta la historia de dos jóvenes marginales que roban a pasajeros de taxis en complicidad con un conductor, a quien después matan sin mayor remordimiento porque les hace trampa.

Pizza, birra y faso tuvo una gran aceptación de parte del público argentino, al igual que la obtenida por la ecuatoriana Ratas, ratones y rateros en su país. Dirigida por Sebastián Cordero, ese filme narra la vida de un adolescente que incursiona en hurtos callejeros junto a unos amigos y cuya rutina se trastorna tras la llegada a Quito de un primo ex convicto.

El documental uruguayo Aparte, que muestra la vida de varias personas en un barrio marginal, desencadenó un áspero debate en Uruguay.

«Nos quedó una sensación amarga, porque los derechos de esos chiquilines (niños) fueron vulnerados», pues se los muestra prostituyéndose, drogándose, hiriéndose y robando, indicó Martín Marzano, presidente del Instituto Nacional del Menor (Iname). Esa posición fue criticada por varios sectores de la sociedad, debido a la supuesta intención de las autoridades de tapar esta problemática.

Al igual que Aparte, los principales protagonistas de la brasileña Ciudad de Dios son oriundos de zonas carenciadas.

Hace un mes se informó que el actor aficionado Rubens Sabino de Silva, que encarnó uno de los marginales en la película brasileña, fue detenido en flagrante por el delito de robo en un autobús.

«Robé porque estoy pasando hambre», confesó Sabino de Sailva, de 19 años, a los policías después de ser arrestado en la playa de São Conrado. Una vez más, la realidad supera a la ficción. *

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