Los efectos de una tragedia
Un largometraje como Bowling for Columbine manifiesta desde el vamos una voluntad de ensayo en torno a la matanza de doce alumnos y una profesora del high-school Columbine, Colorado, ocurrida el 20 de abril de 1999. Es el disparador de este documental del laureado guionista, productor y cineasta Michael Moore: una tragedia como apertura, pues, a un debate alrededor de una sociedad intoxicada por sus gestualidades violentas. Allí está el eje de Bowling for Columbine: su realizador Michael Moore asume el derecho de indagar, constatar y a la vez preguntar, dejando que las imágenes fluyan con un poder resonante.
Moore va delante de la cámara, es uno más en el paisaje expuesto como testigo y personaje con halo de looser e imagen algo desaliñada ante una estructura narrativa que opta por el despojamiento. El filme de Moore desarrolla sus tesis, revisa y coteja los hechos, relaciona la responsabilidad del Estado con la tragedia. Por otro lado, una articulación de animación fractura el relato y propone tal hipótesis desde la historia del hombre blanco estadounidense, planteando una mirada histórica de la noción de nación de los Estados Unidos donde reaparece la expansión de la violencia a la manera que Martín Scorsese lo dejó brillantemente plasmado en Pandillas de Nueva York.
El cineasta, además, se aproxima a los hechos, a la propia tragedia con una pulsación deliberadamente entre irónica y paródica, consiste en esa comicidad irónica y ácida para acercarse a la tragedia. Una manera de hacer más creíbles la indagación, los interviús y sobre todo el impacto de la muerte. Una forma de distanciarse del modelo televisivo de abordar información de una forma estridente. Es lo que pregona, en su reflexión crítica, el cantante Marilyn Manson al ser entrevistado: los mass media terminan haciendo de la muerte también un producto de consumo con su respectivo merchandising y un despliegue que termina banalizándolo absolutamente todo. Terrible. Bowling for Columbine se construye en el montaje de series que hacen derrapar las fronteras de los hechos. Las muertes del Columbine (la serie de lo trágico cotidiano) adquieren otro carácter frente a la aparición de la National Rifle Association comandada por Charlton Heston, cuyo fin actual es defender el derecho a la tenencia de armas, pero que fue fundada en 1871 para promover que solamente los blancos puedan utilizar armas. Y en esa situación asoma, intempestivamente, la revisión de un país con la historia de la dominación y el temor.
A su vez, la técnica narrativa adquiere un carácter histórico-político determinante en la invención y uso del revólver Colt que permite disparar seis balas en forma consecutiva, lo cual otorgaba la posibilidad de revertir la superioridad numérica de los negros sobre los blancos. Finalmente, la política intervencionista estadounidense confirma una teoría del miedo en el plano internacional, dando cuenta de una de una actitud hegemónica que, aunque no justifique los hechos del Columbine, Moore lo practica en un momento emergente, fatal y que merece tal intrusión de cuño histórico.
La película es todo un viaje donde lo que localiza es un real sentido del miedo y de una patología ya internalizada como los focos paranoicos. En ese recorrido, que enfatiza la percepción de que cada secuencia se arma a medida que avanzamos, también asoma el gesto de lo diferente en ese otro pueblo (el canadiense) que, al otro lado del río, deja las puertas abiertas y usa las armas para la caza. Es otra forma simbólica en la búsqueda de localizar una especie de identidad nacional entre comillas estructurada en base a lo público y lo privado y una relación no demasiado conflictiva entre lo público y lo privado.
Bowling for Columbine es un documental donde las voces y los voceros se contrastan, las hipótesis o la propia indagación de lo trágico no determinan el rumbo a seguir y los signos de interrogación perduran. Pero ahí están las imágenes, el recuento de los hechos, el cotejo de puntos de vistas o enfoques para que los espectadores tengan, en rigor, una versión de las muchas posibles en un mundo violento donde parece que, finalmente, nadie hace nada dejando una sensación de impotencia.
Merece verse. *
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