ARTE

Seductoras obras de la Colección Cisneros

No es habitual que las colecciones particulares de países latinoamericanos viajen al exterior. Lo hizo hace pocos años la Colección Costantini, de Buenos Aires, también orientada hacia los artistas del continente. En el importante catálogo de Geo-metrías-abstracción geométrica latinoamericana en la Colección Cisneros, faltó una memoria descriptiva de los orígenes de la colección y de los artistas que la integran. Porque las setenta obras seleccionadas son, sin duda, parte de una cantidad mayor, distribuidas de acuerdo a criterios muy personales.

El nombre de abstracción y geometría, le hubiera convenido mejor como título. De cualquier manera la exposición tiene un nivel de excelencia y es representativa de los autores elegidos. Que falten algunas firmas notables depende del gusto personal del coleccionista y de la disponibilidad de obras en el mercado. Tal como está, muy bien presentada, es un regocijo visual visitar la sala superior del Museo Nacional de Artes Visuales del Parque Rodó. Además, en los difíciles tiempos que padece la región, no deja de ser un acontecimiento este desplazamiento hasta Montevideo.

El breve recorrido histórico (que no quiere ser, por supuesto) localiza las primeras obras en 1932 en Constructivo con una maderita superpuesta de Joaquín Torres García, así como tres constructivos, fechados en 1934, año de su regreso a Montevideo, 1938 y 1943, altos exponentes de su mejor momento creador. Otro uruguayo, más conocido y consagrado en el exterior que en su propio país, aunque hizo una breve muestra en el Museo Torres García (1995), es Carmelo Arden Quin (en 2003 cumple su 90º aniversario y debería ser motivo de festejo en este país desmemoriado), con dos trabajos notables: una pintura de 1951 y un móvil de 1946, muy significativas del movimiento madí, que, junto con Gyula Kosice (Estructura lumínica, 1946, de tubos de neón, y la Escultura móvil articulada, 1948), es el coautor del Manifiesto Madí (para dejar de lado la inútil e interminable disputa sobre la paternidad del mismo) estableciendo un nexo entre el constructivismo, el madí (hay dos cuadros, uno de marco recortado y otro coplanar de Juan Melé, un madí menos conocido), el perceptismo de Raúl Lozza y el concretismo de Tomás Maldonado y Ennio Iommi, que siendo estrictamente ríoplatenses se relacionan con los geométricos de Río de Janeiro, Aluisio Carvao, Lygia Clark y el paulista Gerardo de Barros, un nombre importante en la década del cincuenta, revalorizado recientemente, luego de un ostracismo por su dedicación al diseño de interiores. Los restantes brasileños Sergio Camargo, Alfredo Volpi, Judith Lauand, Willys de Castro, Mira Schendel y el revolucionario Hélio Oiticica, siguieron caminos diversos y aquí se los puede ver en su auténtica dimensión creadora. Así como los venezolanos Jesús Soto (que tuvo una unipersonal notable aquí mismo) y Carlos Cruz Diez, campeones del cinetismo, ambos radicados en París, y la sutileza de las construcciones de la alemana, radicada en Venezuela, Gego, nombres mayores e internacionales. En su conjunto, configuran una afirmación de un lenguaje sintonizado con las vanguardias epocales, un rechazo del pintoresquismo reinante en sus países, pero con un toque persona y una imaginación inconfundibles. *

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