Neruda clandestino
Corría el año 1948 y el Partido Comunista, en cuyas filas militaba el poeta, fue proscrito por el gobierno del presidente Gabriel González Videla, a quien Neruda llamó «traidor».
Más de dos mil comunistas fueron recluidos en el campo de prisioneros de Pisagua, una aldea costera en el extremo norte de Chile, pero el autor de «Residencia en la Tierra», «Odas Elementales» y «Confieso que he vivido» era un senador de la República y optó por sumergirse en la clandestinidad.
En 228 páginas, Varas relata la vida de Neruda en esas condiciones, hasta que en febrero de 1949, junto con dos amigos y tres arrieros, cruza a caballo las montañas de la Cordillera de Los Andes y se refugia en Argentina.
Esa fue la primera escala de un exilio por países americanos, europeos y asiáticos, hasta que tres años más tarde regresó a Chile, donde murió el 23 de setiembre de 1973, 12 días después del golpe que instaló la dictadura anticomunista del general Augusto Pinochet (1973-1990).
«Neruda Clandestino» es el título del libro en el que se funden los momentos dramáticos de la persecución con una faceta poco conocida del protagonista: su infantil sentido del humor y una predisposición a enfrentar la vida sin complicaciones.
«Tenía una fuerte tendencia a tomar la vida como un juego», dice Varas, que también juguetea con las anécdotas, los diálogos y las palabras, en el estilo de la crónica periodística.
Mientras los diarios de la época publicaban grandes titulares informando que «se busca a Neruda por todo el país», la policía trataba de capturarlo y allanaba a lo menos 63 domicilios, de acuerdo con las investigaciones de Varas.
En sus esfuerzos por pasar inadvertido y evitar su captura, el perseguido se disfrazó con un sombrero y unos anteojos sin cristales.
«Pero la verdad es que llamaba mucho más la atención», sostiene el escritor.
Antes de emprender su fuga a través de las montañas, el poeta que ganaría el Premio Nobel en 1971 buscó sin éxito otros métodos para salir del país, como embarcarse oculto en un buque que partía desde el puerto de Valparaíso, en la costa central de Chile.
Fue en medio de estas circunstancias cuando surgieron los primeros versos del «Canto General», su extenso poema épico sobre el pasado y presente del hombre americano.
«Es extenso como un buen fragmento del tiempo -dijo Neruda años más tarde- y en él hay sombra y luz a la vez, porque yo me proponía que abarcara el espacio mayor en que se mueven, crean, trabajan y perecen las vidas y los pueblos».
«La experiencia de ser perseguido y tener una responsabilidad política influyó muchísimo en el carácter que tuvo este enorme poema», afirma Varas, que fue amigo y colaborador directo de Neftalí Reyes Basualto, verdadero nombre del poeta nacido en 1904.
Publicado en 1950 en Chile, también en una edición clandestina, uno de los ejemplares del «Canto General» llegó a manos de su creador cuando participaba en París en un homenaje al pintor español Pablo Picasso, por haber recibido el Premio Stalin.
«Neruda fue uno de los oradores -recuerda el libro de Varas-. Contó con mucha emoción cómo se había editado el libro en Chile. Los asistentes se pusieron de pie y prorrumpieron en aplausos y ovaciones cuando el poeta chileno solemnemente regaló el libro a Picasso».
El homenajeado alzó el ejemplar para que todos lo vieran, en medio de nuevas oleadas de aplausos, pero cuando terminó el acto el poeta se acercó a Picasso y le arrebató sorpresivamente el libro.
Varas relata que el pintor lo miró atónito, con los ojos muy abiertos, pero el poeta se limitó a decir: «Es el único ejemplar que tengo». Y recuperó su libro.
Del mismo modo que el personaje central de su investigación, José Miguel Varas, a sus 75 años, también se siente perseguido… por Pablo Neruda.
Ya en 1999 publicó una primera recopilación de anécdotas sobre el exilio del poeta en su libro «Nerudario». Y ahora, cuando «Neruda Clandestino» ya estaba en los talleres de impresión, recibió nuevos antecedentes inéditos sobre las aventuras de su personaje.
Pero el autor perseguido también conoció el exilio a partir de 1973, en la era de Pinochet, y al volver a Chile publicó «Las Pantuflas de Stalin» (1990), «Neruda y el Huevo de Damocles» (1992), «El Correo de Bagdad» (1994), «La Novela de Galvarino y Elena» (1995) y «Exclusivo» (1996).
A esos títulos se agregaron «Cuentos de Ciudad» (1997), «Nerudario» (1999) y «Cuentos Completos» (2002), donde utiliza sus dotes de cronista, su habilidad para pintar con palabras como un artista plástico, su sensibilidad y una sutil ironía… nerudiana. *
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